Política

Andy Rivas y el manual para evitar "errores" no forzados desde el Poder

En esta entrevista con el consultor y estratega Andy Rivas -ganador indiscutible de campañas en más de 7 países y reconocimientos internacionales, entre estos, dos Napolitan Victory Awards en Paraguay y en Argentina en el 2019 y 2020-, tendremos la oportunidad de adentrarnos en el rol que desempeña con experiencia internacional comparada y cómo esto puede ser la clave para garantizar el éxito de los gobernantes. Durante los últimos 12 años, lo que diferencia este consultor ha sido su bajo perfil en medios locales e internacionales dando total predominio a sus clientes en el posicionamiento. Acá nos habla más sobre su experiencia y de cómo orientar mejor a los clientes.

 Cuáles son los errores que más cometen los gobernantes en el poder?


Para iniciar, no avizorar las crisis más obvias por no escuchar las demandas reales de la población o simplemente, el tan frecuente pero peligroso "aislamiento de la realidad". Estas son algunas situaciones que pueden poner en riesgo los planes estratégicos, la supervivencia política y el desempeño de la administración gubernamental para quienes ejercen el máximo poder político. En el caso de los gobiernos de habla hispana, hay varias situaciones de las cuales se puede aprender y mejorar, porque "la soberbia y la obsesión del poder, en la cultura latina, aniquila muy buenos líderes políticos". 

¿Cuál es el camino más fácil que nunca debería seguir el consultor?


Lo que hace muchas veces el entorno más cercano al político: aceptar, promover y consensuar verdades que no son parte de la realidad. En Argentina o en Paraguay, decimos que es "el mal del palacio". Cuando el político empieza a generar, instalar y crear "nuevas verdades", se las empieza a creer él mismo y NO son parte de la realidad existente. Llega un instante en que el político y su entorno empiezan a aislarse de la realidad, esto es muy grave para la ciudadanía y para la administración. Cuando un político se empieza a debilitar, inventa y promueve "nuevas verdades" que solo dañan y no le generan felicidad o no le suma en nada a nadie. Se inventan teorías conspirativas de destrucción de los enemigos y se justifican las decisiones más equivocadas de todo gobierno -hoy y ahora, algo muy común y evidente en algunos de los gobiernos de América Latina-. Muchos líderes se obsesionan y se encaprichan con un "a mí me votaron, entonces se hace lo que yo quiero y punto". A mi criterio, este es el comienzo del fin del político moderno. Para citar un caso, hay un presidente hispano que durante el aislamiento (cuarentenas) en pandemia, dijo que "su país tiene el mejor sistema de salud público de la región y tal vez del mundo". Es obvio que el político empieza a concebir justificaciones que no son parte de la realidad, y esto es lo que un consultor estratégico no debe permitir: que el político crea el cuento que en muchos casos su propio entorno le hace creer para mantenerse a su lado. Aquí es cuando un consultor hace investigaciones profesionales y le explica que esa opinión o análisis, NO es lo que los estudios cualitativos o cuantitativos reflejan en relación a lo que la ciudadanía está pensando, sintiendo o diciendo. Informarle que "NO dice lo que tú acabas de decir o estás haciendo y con esto podemos perder la elección o la reelección". En el caso de este presidente hispano no hubo un ministro, o congresista de su partido que dijera: "disculpen, no está en lo correcto, es obvia la realidad". ¿Por qué? Porque quieren obtener beneficios y privilegios temporales del líder. En cambio, el consultor, solo quiere que su cliente gane y tenga éxito.

Imagino que hay políticos algo necios y obsesivos y al consultor le costará hacerles entender que para mercadearse no deben caer en la demagogia o en teorías inexistentes de su entorno...


Generalmente crean un mecanismo de defensa emocional y mental. Esto es la negación de cualquier opinión externa que difera en lo más mínimo de lo que está obligado a defender por capricho o convicción o supervivencia política. Cuando el político genera ese mecanismo de defensa reiterativo, es incapaz de escuchar opiniones o sugerencias profesionales, entonces,  a mi criterio, está acabado y no toma conciencia. El político inteligente y exitoso, en una campaña o en una gestión, es aquel que es capaz de escuchar sugerencias, críticas y considerarlas. Lo peor que puede pasarle es "el mal de palacio", entendido como la obsesión reiterada en cometer día a día los mismos errores, sin decir: "momento, esto no está funcionando, hay que cambiarlo". Esto, por ejemplo, le ha pasado a Mauricio Macri, el expresidente de la República Argentina, donde dos años antes de la elección presidencial escuché cómo algunos de sus estrategas y asesores más cercanos le decían en privado: "hay que cambiar las políticas de Gobierno porque no están funcionando y su entorno de poder repetía: son excelentes, lo que pasa es que la sociedad aún no nos comprende. Ya nos comprenderá. Ellos (por la sociedad) no saben lo bien que estamos haciendo las cosas porque no tienen la información que nosotros tenemos en el gobierno". Y acá viene otro tema: generalmente el político nunca acepta que algo puede no estar funcionando bien. Por lo tanto, hay que frenar -reconocer el error-, y cambiar la estrategia de inmediato. A esto lo llamo: calibración constante. Y es lo que siempre sugiero en mis estrategias: calibrar, recalibrar y volver a calibrar. Hay un gran error en América Latina, muchos de los políticos se obsesionan en llevar a adelante ideas, programas y políticas que, al momento que uno le consulta a la ciudadanía, la mayoría dice: "no, no estoy de acuerdo", "no está funcionando", "no me está gustando". El político sigue adelante y lo único que genera es más rechazo a su gestión. Una negación de esa realidad es cuando sabes que la situación es catastrófica, pero te aferras a tu histórico entorno de amigos y conocidos que, SIEMPRE TE DICEN LO MISMO, y se pierde la capacidad de escuchar o analizar desde una perspectiva profesional. Es como si tuvieras una enfermedad terminal grave, y en vez de escuchar al médico que es jefe de una clínica internacional especializada, seguís escuchando a tu mejor amigo del colegio. 

Hay un círculo que rodea a quienes gobiernan, ¿Qué métricas o datos habría que tomar en cuenta y que podrían convencer al político para minimizar errores?


Analizar cuáles minorías rechazan las políticas y cuáles las aceptan. El político está obligado a gobernar para la mayoría y contener a las minorías para hacerlas parte de su nuevo apoyo y soporte. Es vital que el líder político entienda que el consultor profesional está para desarrollar estrategias que permitan sumar más votos que los que ya tiene. Un constante error es seguir realizando actividades, discursos e inversiones muy grandes de dinero y tiempo en aquel "voto duro consolidado" que jamás va a votar a otro candidato. Cuando lo inteligente de la estrategia moderna es salir a buscar y obtener algo de ese voto "posible o blando" que aún no me vota, pero podría hacerlo. Al momento de gobernar el político debe dejar de lado sus emociones pasionales, su ideología y gobernar  con la razón, la inteligencia personal, la inteligencia electoral basada en investigaciones y el pragmatismo a favor de la gente. Un error es repetir las mismas campañas tradicionales sobre las mismas estructuras antiguas de los partidos políticos a los que pertenece el candidato. Soy muy crítico con los partidos políticos de América Latina porque se han transformado en instituciones antiguas, conservadoras, inflexibles y que ya no tienen la capacidad de contener a la ciudadanía. Las fundaciones, los movimientos sociales, los movimientos religiosos, las agrupaciones vecinales, los espacios de participación ciudadanas, los grupos de intereses específicos, las redes sociales y las instituciones intermedias, son 101% mucho más efectivas que un partido político tradicional que solo ondea banderas de 1 color, escucha la misma canción que hace 30 años, reparte cargos institucionales a los que no tienen espacios para ser reconocidos en sociedad y realiza muchos encuentros de zoom en pandemia. Tenemos que entender que la política tiene que generar felicidad (bienestar) y tener a la ciudadanía SONRIENDO (conforme y satisfecha). Si el político no genera felicidad en la ciudadanía, no está sirviendo. El encierro del político al mantenerse en su círculo más cercano es perder el contacto con la realidad y eso empieza a generar políticas que no generan felicidad, obsesionándose en que su proyecto se haga realidad porque está convencido que es lo mejor.

¿Qué cultura lo hace bien?


 Por ejemplo, una cultura política como la alemana, la norteamericana o canadiense, siempre gobiernan preparando escenarios inmediatos, medianos y futuros. Controlan. Evalúan. Se planifican. Se corrigen. Mejoran constantemente. Por esto las tengo de ejemplo y estudio. Si gobiernas sobre crisis, estás gobernando hoy. Pero no estás preparado para el escenario inmediato y el error más común es gobernar sobre constantes crisis sin tener un plan con objetivos medibles y cuantificables. 

¿Cómo puedes enfrentarte a las campañas negras que se ciernen sobre tu persona (si las hubiera) por estar con algún cliente o campaña específica? 


He sufrido ataques de todo tipo y en varios países. Y siempre decidí, nunca responder en el momento del impacto. Porque la noticia se genera cuando uno da una respuesta. El consultor jamás tiene que responder, no es el trabajo del consultor responder a ataques hacia su persona o hacia su empresa. El trabajo del consultor es servirle a su  cliente, por eso mantengo la posición que el consultor no tiene que hacer publicidad, el buen consultor es el que le sirve a su cliente y siempre con un bajo perfil sin buscar la fama o la exposición. 

Pero hay consultores que quieren ser tanto o más importantes que su cliente y también se ha armado un mercado donde se considera que el buen consultor es el famoso... 


El concepto de consultor y fama se ha entremezclado fuertemente los últimos años. A mi criterio el consultor que busca fama, se equivocó de rubro. Esto no es teatro, esto es "Omertá" pero legal y con valores. El mejor negocio de un consultor estratégico, no es ser famoso. Es ser exitoso, prudente, reservado y que su cliente lo recomiende con otro. También en reserva. Luego de lo ocurrido en la votación estadounidense, ¿Cuál es la lección más más grande de la cual pueden aprender los consultores latinoamericanos? Que nunca debes atacar a minorías sobre conceptos que para ti no son prioridad. Porque las elecciones, se pierden por un margen pequeño. La política es el arte de sumar pequeños grupos, es el arte de la sumatoria, gana el que más tiene. Es el arte de dar y recibir cariño, y quedarte con la mayoría del amor de tus votantes. El gran político cubano, Rafael Diaz Balart, decía que "el verdadero político es un sacerdote laico". Una gran lección que la política moderna está olvidando. Por eso uno no puede hacer política atacando grupos que podrían dejar de votarte. No se debe confrontar más de lo necesario, uno de los errores en la estrategia, fue la generación de excesivos escenarios de pelea, que no eran necesarios generar. El error fue correrse a un extremo, fomentar ataques donde no era necesario atacar. Era necesario persuadir y ganar ese voto que orbitaba al voto partidario duro. Cuando uno ataca mucho y crea una campaña muy agresiva, hay quienes se sienten golpeados y no representados. Yo no hubiera presionado tanto a ciertas minorías porque la mejor campaña es aquella que ofende a la menor cantidad de gente.

 Pero le sirvió para la primera elección... 


Claro, pero "nunca vuelvas a donde fuiste feliz", cada campaña tiene un momento un lugar con percepciones y situaciones distintas, por eso hay que investigar qué está sucediendo en ese momento y en ese lugar. Repitió estrategias que sirvieron hace cuatro años y se pensó que volverían a servir. Era otra la realidad de la sociedad. No hubo la capacidad de adaptación al nuevo momento y lugar que estaba viviendo el pueblo latinoamericano, la comunidad afroamericana y las distintas minorías; las cuales están excelentemente organizadas en Estados Unidos. Sobre todo, el voto latino y el voto afroamericano. 

¿Cuál es más complicada? ¿La campaña de elección o reelección?


Siempre es la reelección. A medida que pasa el tiempo, el político se desgasta y hay que reconocer que el votante no olvida ni perdona. Vota lo que le conviene y no le cuenta a nadie. Vota en secreto y miente en público. 

¿Cómo puede un candidato lidiar psicológicamente con los haters en redes sociales? 


Las redes sociales, son una herramienta muy importante, de campaña y de gobierno, pero no representan ni son proporcionales a la totalidad de la sociedad. Menos a la de los votantes porque una elección la puede ganar una minoría que tiene la mayor cantidad de votos sobre otra minoría. Es decir, que hay grandes fraccionamientos de minorías y, no necesariamente, como es el modelo bipartidista. En América Latina, ya no existe el tradicional bipartidismo y los votos se empiezan a correr de las estructuras duras de los partidos políticos tradicionales. Los partidos se quiebran. Se crean nuevos partidos. Se atomizan los votos. En cambio, las redes se intensifican o se debilitan, con estímulos muy bien especializados. No responden a ninguno de los conceptos básicos, enunciados aquí; los cuales son una de las bases de la estrategia política moderna. Hay un error central. Lo que se manifiesta en las redes, lo que se intensifica no es nunca la representación proporcional de lo que dice una sociedad como podría ser una encuesta bien realizada por profesionales. En medida que el político cree que lo que sucede en las redes es la verdad estadística, representativo y proporcional, de la realidad, se está equivocando. La mayoría de los políticos están convencidos de que son exitosos, por sus "likes" o porque tienen muchos seguidores. Las apps o "redes sociales" son exitosas de la manera que uno las use en la estrategia. Tienen que ser usadas de diferentes maneras para que sirvan de herramienta específica y exacta en un momento y un lugar. El éxito en las redes sociales depende del profesionalismo estratégico con el que se las maneje. Las redes son el mayor campo de cultivo o centro de producción de "fake news" en la modernidad. Las tiene que manejar un especialista en redes, un consultor muy especializado, nunca dejes al político o cliente manejar sus propias redes. Cometen suicidio. Tiene que tener acceso y decir qué le gusta, pero el control de la red tiene que ser de un profesional muy especializado. En esto no hay lugar a "practicantes", debe ser administrado y manejado por especialistas. 

¿Es válido recurrir a prácticas anticompetitivas para triunfar en la recta final de una campaña?


Yo personalmente no lo hago, habrá consultores que se especializan en eso, yo no lo sé hacer y no lo hago. Decir la verdad, aunque duela. Como decía un sabio líder político argentino: "La única verdad es la realidad".  Hay que decir la verdad en el momento adecuado y en el lugar correcto, uno no debe repetir lo mismo, uno selecciona, qué decir, cuándo decir y cómo decirlo, eso no es mentir, es ser estratégico. 

¿Cuál sería su conclusión y mensaje final?


Un consultor nunca es un gasto económico y, por lo tanto, no es un servicio que pueda tener todo aquel que está en política. Además, contar con un consultor estratégico con credenciales internacionales, requiere mucho tiempo de análisis junto y con el cliente. Pero sobre todo, requiere que el cliente acepte escuchar estrategias distintas, acepte crecer en la experiencia política comparada y comprenda que un consultor NO está viciado con intereses políticos locales o internos de la relación sino que busca ayudar al cliente a reducir errores que, muchas veces, nadie se atreve a afrontar de manera directa. Finalmente entender que la agenda diaria del político debe ser un reflejo exacto y fiel de la planificación estratégica acordada. Si la estrategia no está reflejada en la agenda diaria y semanal del líder político, quiere decir que no hay pensamiento estratégico para lograr los objetivos. Esto se debe a que el propio cliente - líder político debe generar la disciplina de aplicar y utilizar lo ganado con una consultoría. El mejor consultor es aquel que le sirve y le hace bien al cliente. No es una amenaza para el equipo existente, el consultor está para ayudar a ganar, tener éxito y prevenir daños graves. En la política de América Latina, perder una elección, no es perder una elección, puede ser que también sea "perder la libertad". Por lo tanto, siempre recomiendo: busque un consultor político, con credenciales internacionales, lo más rápido posible.

Entrevista de Washington Compol

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