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Morir antes de nacer: cómo es ser mujer en la India

Aborto selectivo, desapariciones, asesinatos, abandono, matrimonio forzado... En India, ser niña conlleva un alto precio

Retrato de una joven india del estado de Uttar Pradesh. En India, el precio de criar a una niña convierte su vida en inviable en muchas ocasiones. En millones, de hecho: hasta 63 millones de mujeres se calcula que faltan en el país. Han desaparecido, han sido vendidas, secuestradas para ser casadas a la fuerza, han sido asesinadas o abortadas antes de nacer, cuando se conoció su sexo.

Una mujer india entra en casa con su hijo en brazos en una aldea de Uttar Pradesh. A finales de los años ochenta, unos informes sobre muertes de recién nacidas, con el cuello partido a las pocas horas de nacer, con leche envenenada o asfixiadas con sábanas empapadas, revelaron que se estaba llevando a cabo un asesinato selectivo de niñas en la India. En 1991, el censo nacional disparó las alarmas. Se había convertido en una práctica habitual.

Con el paso de los años, las brutales muertes parecieron desaparecer gracias a programas de vigilancia sobre las embarazadas hasta el parto, o cunas instaladas en los hospitales para que los padres dejaran a las bebés sin tener que aportar detalles. "Si su bebé es una molestia, déjelo aquí", se leía en algunos centros. Los casos de bebés asesinadas disminuyeron, pero la población de mujeres siguió cayendo: la llegada de las ecografías a la India había dado inicio a un nuevo sistema de selección de sexo.

Si una esposa no es capaz de proporcionar hijos varones "tiene que abandonar la casa", regresar con sus padres, y así el esposo podrá casarse de nuevo e intentar continuar la descendencia, explica Amisha, una mujer india de Uttar Pradesh, para referirse a una norma no escrita a la que llama "la presión del matrimonio".

El censo de 1991 mostró que había 4,2 millones menos de niñas que de niños con edades comprendidas entre los 0 y 6 años. La situación empeoró en el censo de 2001, que elevó la diferencia a seis millones. En el último, realizado en 2011, el desequilibrio alcanzó los 7,1 millones, según señala el Centro de Investigación Global para la Salud (CGHR) en un estudio publicado por The Lancet. El Ministerio de Interior indio también publicó en junio el registro de nacimiento 2016-2018, el estudio más preciso de radio de sexo en el país hasta que se publique el censo de 2021, y los datos calculados en base a muestras de todo el país no son alentadores: nacen 897 niñas por cada 1.000 varones.

Una anciana sonríe a la cámara. Mientras que las hijas dejan el hogar para ir a vivir con sus maridos, los varones están destinados a quedarse en casa con su esposa e hijos, cuidar de sus padres y los bienes familiares. Tener solo niñas significaría la extinción de la familia.

Dos jóvenes mujeres en su aldea del estado indio de Uttar Pradesh. "Criar a una hija es regar el huerto del vecino", dicta un popular refrán indio que apunta directo al sistema de la dote, el pago que los padres hacen por el matrimonio de sus hijas. Irónicamente, las mujeres son las depositarias del honor familiar, y la dote es una muestra del estatus social que permite a los padres escoger entre los mejores pretendientes y hogares a los que pasarán a pertenecer sus hijas. La dote es una de las principales razones por las que las niñas son vistas como una carga, como una futura deuda.

"La culpa es del agua", dice una anciana de Uttar Pradesh, que sabe que las niñas tienen más probabilidades de morir si la tierra no es fértil. Con la falta de lluvia, las familias quedan a merced de bombas hidráulicas que apenas cubren necesidades elementales, mientras esperan la llegada del monzón que una vez al año cubre los campos de verde.

Sita se recupera en un hospital de Uttar Pradesh (India). Ella es un bebé que sobrevivió tres días enterrada viva en una tinaja a metro y medio de profundidad. Cuando la encontraron pesaba poco más de un kilo. Otro ejemplo de una niña no deseada cuyo destino era morir.

En sociedades como la india, la desproporción en el número de mujeres plantea un futuro incierto. Tiene consecuencias a largo plazo, "conduce a más violencia sistemática contra ellas" y, entre otros aspectos, a una mayor competencia para encontrar pareja, explica la socióloga e investigadora Katharina Poggendorf-Kakar.

A ello se suma su explotación como esclavas sexuales. "Se les llama novias esclavas. Los zaminders (propietarios de tierras) generalmente las casan con uno de sus trabajadores, pero también son explotadas sexualmente por el propietario de la tierra". Así, insiste la socióloga, aunque la muerte de muchas mujeres comienza en el vientre materno, el riesgo de que las hagan "desaparecer" les persigue hasta su vejez. Es una "negligencia sistemática" contra ellas.

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