Coronavirus

Suecia y Alemania, dos países "modelo", no saben cómo contener la segunda ola

Suecia aparca la laxitud e impone prohibiciones para frenar los contagios por Covid

Suecia, de 'milagro' contra el Covid a infierno

 

 El tiempo de la laxitud, de los consejos y las recomendaciones, ha terminado. A partir de ahora, el Gobierno sueco impondrá prohibiciones en un intento de frenar la expansión del coronavirus, que en esta segunda oleada está afectando a Suecia  mucho más que a sus vecinos nórdicos. Con la primera oleada ocurrió lo mismo, pero las autoridades sanitarias del país confiaban en que se alcanzaría un cierto grado de inmunidad de grupo que suavizaría los rebrotes del otoño.

La realidad, sin embargo, está siendo muy distinta. El número de contagios y muertes supera con creces las cifras  que se registran en Dinamarca, Noruega y Finlandia. Por ello, el primer ministro, el socialdemócrata Stefan Löfven, ha anunciado en una conferencia de prensa virtual que las reuniones de más de ocho personas se prohíben durante cuatro semanas a partir del 24 de noviembre. Anteriormente, el límite era de 300 personas. La prohibición, no obstante, no es total. Afecta a los eventos públicos, pero no a reuniones privadas, ni tampoco a restaurantes, tiendas, transportes públicos, centros deportivos o escuelas.

"La situación va a empeorar aún más. Antes era suficiente con consejos y recomendaciones. Pero ahora las prohibiciones son necesarias para doblegar la curva de infección", ha declarado Löfven, quien ha hecho un claro llamamiento a la población para que reduzca al mínimo sus contactos: "Es una señal muy clara para todos sobre cómo funcionarán las cosas a partir de ahora. No vayáis al gimnasio, no vayáis a la biblioteca, no celebréis cenas en casa". Su ministro del Interior, Mikael Damberg, criticó durante la comparecencia la irresponsabilidad de un sector de la ciudadanía: "Demasiadas personas se comportan como si el peligro hubiera pasado. No se puede permitir".

Las restricciones regionales se han ampliado prácticamente a todo el país. En la medida de lo posible, se debe evitar el contacto con cualquier persona con quien no se conviva; se deben reducir al mínimo las visitas a tiendas, áreas comerciales, museos y bibliotecas; y se deben evitar todos los viajes innecesarios entre regiones.

Desde mediados de septiembre, el número diario de infectados en Suecia  ha aumentado de una media de 106 hasta el máximo absoluto -primavera incluida- de 5.990 registrado desde ayer. En comparación con el resto de Europa, la situación sueca no destaca negativamente, ya que ocupa el número 17 respecto al número semanal de contagiados por 100.000 habitantes (264), pero estas cifras son mucho más altas que en el resto de países nórdicos, los cuales, sin llegar al confinamiento general, optaron desde el principio de la pandemia por estrategias más prudentes.

Durante la última semana han muerto por el virus en Suecia 142 personas (614 por millón de habitantes desde el principio de la pandemia). En Dinamarca, que en Escandinavia ocupa el segundo lugar respecto a fallecimientos, han muerto 13 (132 por millón de habitantes).

El Gobierno sueco ha indicado también que, si la situación no mejora en las próximas semanas, estudia la posibilidad de cerrar los colegios, una medida que hasta ahora no se había adoptado en ningún momento.

Alemania se prepara para un invierno de pandemia muy duro

Una semana más de preparación ante un invierno de pandemia que se prevé "muy duro". Ése es el magro compromiso que la canciller Angela Merkel  logró arrancar a los primeros ministros regionales tras ocho de reunión que mantuvieron hoy telemáticamente para analizar los efectos del parón parcial de la vida pública impuesto a primeros de mes y que, según los datos epidemiológicos, son bastante pobres.

El documento de medidas draconianas con el que Merkel acudió a la reunión fue enmendado por la mayoría de los Länder en su práctica la totalidad. Para evitar el fracaso de la cita y de la confrontación entre administraciones, se han dejado para una discusión posterior los puntos más espinosos y entre ellos los relacionados con colegios y guarderías.

Merkel, convencida de que el invierno será "muy duro" declaró que los Länder se opusieron por mayoría a dar una vuelta de tuerca y pidieron una semana de tiempo, hasta el 25 de noviembre, para, en su defecto, acordar un plan para el conjunto del invierno. "No me parece mal tener una hoja de ruta que incluya Navidades", declaró Merkel.

La canciller, que nunca reconoce una derrota política, argumentó que es imposible adivinar la dinámica de la pandemia  de una semana para otra, lo que deja en el aire la pregunta de por qué la conferencia de primeros ministros se celebró entonces y qué cambiará la próxima.

El endurecimiento de las restricciones a la vida social y económica y, muy especialmente, el cierre eventual de los centros educativos es una patata caliente en manos de las autoridades, conscientes de su impopularidad y de los daños colaterales que supondría para sus padres. Aún cuando más del 75% de los contagios ya no pueden rastrearse y el Instituto Robert Koch (RKI), competente en Alemania para la supervisión de la pandemia, informa que cada vez son más los niños que contraen y transmiten la enfermedad. En la primera semana de septiembre, el RKI computó 10.000 infecciones en niños menores de 14 años, diez veces más que a primeros de septiembre. Así las cosas, en estos momentos hay más de 300.000 niños en aislamiento o cuarentena.

Los primeros ministros regionales prefieren esperar otra semana. Hasta entonces, Merkel ha pedido a la ciudadanía que respete las reglas y a los colegios que desdoblen las clases, revisen sus protocolos de higiene e impongan el uso de mascarillas a todos los alumnos. Cualquier cosa antes de cerrar los centros, recortar la actividad económica e incrementar el rechazo social que, con el paso de tiempo, se va extendiendo como la espuma por todo el país.

MANIFESTACIONES

Desde Fráncfort hasta Leipzig las manifestaciones contra las restricciones por la pandemia no sólo se multiplican sino que se hacen más violentas. En algunas de ellas, las fuerzas de seguridad han debido recurrir al uso de cañones de agua. Desde los servicios de espionaje de Interior se está estrechando la vigilancia sobre estos grupos, en los que se ha apreciado una radicalización y creciente presencia de ultraderechistas y agitadores.

A ese ambiente de resistente se han sumado las críticas de los partidos de la oposición, que, ante la omnipresencia de Merkel y por ende de su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), intentan hacerse un hueco en el debate y ganar perfil de cara a las elecciones generales del próximo año. Exigen que la discusión de las medidas a adoptar contra la pandemia y que afecta a la vida y al bolsillo de la gente se tomen en el Bundestag y con transparencia.

Los datos del RKI no dan sin embargo lugar a teorías de conspiración. Los 20.000 casos diarios que Merkel se fijó para el confinamiento se han superado. Desde que se dio a conocer el primer contagio en el país, en enero, Alemania acumula 801.327 casos de Covid-19 con 12.547 víctimas mortales. Los casos activos rondas los 273.600, al tiempo que unos 3.500 pacientes de Covid-19 se encuentran actualmente ingresados en unidades de cuidados intensivos, cifra que supera el pico de la primera ola, según la Asociación de Hospitales de Alemania. Otros 15.000 pacientes con coronavirus son tratados en salas comunes. Por otra parte, ante cualquier síntoma de resfriado y de infección de las vías respiratorias, los afectados deberán permanecer en casa y guardar cuarentena, medida que el jefe del Gobierno bávaro, Markus Söder, contempla con escepticismo.

El RKI sostiene que el número contagios se ha estabilizado, pero Merkel cree que "todo va demasiado despacio", razón por la cual propuso a los primeros ministros de los estados federados un decidido giro de tuerca.

Estos optaron por renovar sus llamamientos a evitar las fiestas privadas y limitar las reuniones en espacios públicos. También los niños y jóvenes deberán minimizar sus contactos y reducir los encuentros en sus horas libres a un único amigo fijo.

En general, se instó a la población, una vez más, evitar los desplazamientos y la permanencia en espacios cerrados con afluencia de público, lo que en la práctica se traduce en no salir de compras más allá que para adquirir lo necesario. Es, indirectamente, un golpe al comercio minorista, que logró escapar de las restricciones acortadas a primeros de mes y que supusieron el cierre de la gastronomía, centros de belleza, instalaciones deportivas y teatros.

Además de la cita del 25 de noviembre, lo único nuevo de la reunión con los Lander es que habrá suministro a partir de diciembre de mascarillas del tipo FFP2 para grupos particularmente vulnerables -un total de 15 por persona- a precio subvencionado y que ya se ha puesto en marcha una plan logístico en previsión de una vacuna.

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