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Escándalo en Italia por el "cementerio de fetos" que esconde Roma

Más de 150 italianas descubren que los fetos que abortaron están enterrados con su nombre y apellido, sin que lo consintieran

Las tumbas en el área 108 del cementerio Flaminio de Roma llevan el nombre y apellido de mujeres que abortaron, difuminados para preservar su privacidad. (Anna Buj) 

Franca, Barbara, Gabriella, Fabiana, Sabrina... En el área 108 del cementerio Flaminio, al norte de Roma, sólo hay epitafios con nombres de mujeres. Ni siquiera hay lápidas: alrededor de 200 sencillas cruces de metal, todas exactamente iguales, se alinean en filas consecutivas. En cada una de ellas hay una ficha negra donde aparece escrito en rotulador blanco el nombre femenino, un apellido, una fecha -la mayoría, de los últimos diez años- y unos números identificativos.

Los cuerpos debajo de las cruces no son de mujeres muertas, sino de fetos que fueron abortados en los cinco hospitales romanos donde se realizan interrupciones de embarazo terapéuticas. Hasta ahora, nadie sabía que habían terminado enterrados bajo una cruz en el Flaminio. Ni siquiera las mujeres que abortaron, y cuyos nombres han terminado expuestos en el cementerio pese a que no han fallecido.

"Hace una semana descubrí que existe este cementerio con una cruz con mi nombre completo", dice Francesca

"En tres ocasiones pedí informaciones sobre el feto: el día que me dieron el alta, en la visita de control el mes posterior y el día que fuimos a por el informe clínico tres meses después. Nadie me dijo que iba a ser sepulto ni me hicieron firmar ningún documento donde yo aceptase que iba a haber una cruz. Hace una semana descubrí que existe este cementerio con una cruz con mi nombre completo", cuenta a La Vanguardia Francesca, que prefiere no hacer público su apellido.

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Esta mujer, de 36 años, ya es madre de una niña que tiene casi seis. Se quedó embarazada de otra niña buscada y una ecografía en el sexto mes de embarazo desveló que el feto tenía una grave malformación en el corazón. Decidió abortar en septiembre del año pasado.

"Es un dolor muy profundo que reabre una herida. Siento mucha rabia hacia las instituciones sólo de pensar que haya alguien que haya guardado mi feto durante tres meses quién sabe donde, y se haya tomado el derecho de enterrarlo con un rito católico sin preguntarme", denuncia. Aunque puso fin a su embarazo en septiembre, la fecha de su tumba señala diciembre del 2019.

Varias filas de cruces de metal, bajo las cuales están enterrados los fetos sin que lo supieran sus madres (Anna Buj)

Durante todo este tiempo Francesca imaginaba que su hija, al tener una grave patología, habría terminado siendo parte de una investigación médica. Sólo se enteró que estaba enterrada cuando otra mujer, Marta L., denunció en su cuenta de Facebook que había encontrado la tumba de su hijo en este cementerio. A ella sí le preguntaron si daba consentimiento a enterrar el feto, pero lo rechazó. Siete meses después, decidió llamar al hospital. Tras respuestas vagas, se puso en contacto con la cámara funeraria. Le comunicaron que el feto estaba todavía allí, porque "a veces los padres lo piensan mejor". "Esté tranquila que aunque no haya firmado para una sepultura los fetos son enterrados por beneficencia. No se preocupe, tendrá su lugar con una cruz y lo encontrará con su nombre", le explicaron.

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Fue entonces cuando Marta L. descubrió que había un lugar en el cementerio con nombres de mujeres para sus fetos. "Podría alargarme sobre la rabia y la angustia que me ha provocado ver que sin mi consentimiento, otras personas hayan enterrado a mi hijo con una cruz, un símbolo cristiano que no me pertenece y donde está escrito mi nombre", escribió la mujer en su cuenta. Francesca se acercó al Flaminio para ver si había ocurrido lo mismo con su hija. Pronunció su nombre, le dieron un papel con unas coordenadas y terminó encontrando su cruz de metal.

La causa


Estos entierros son permitidos gracias a una ley de la época fascista y actualizada en los 90

La publicación en Facebook generó repercusión en Italia y la asociación feminista Differenza Donna se puso a trabajar para iniciar una acción legal ante la Fiscalía de Roma, que ha abierto una investigación. Hasta el momento, asegura la presidenta de la asociación, Elisa Ercoli, más de 150 mujeres se han puesto en contacto con ellas porque no sabían de la existencia de estas cruces.

"Algunas no sabían qué fin había tenido su feto. A otras les preguntaron, y dijeron que no. Otras habían pedido que fuera a la ciencia. Todas se han sentido violadas", subraya Ercoli al teléfono. La cruz más antigua es del 2004. Otra mujer, que abortó hace quince años, siguió adelante con su vida y tuvo más hijos, ha sabido sólo ahora que tenía un epitafio con su nombre. Las más viejas son de madera, marchitas por el paso del tiempo. Algunas están tiradas por el suelo.

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No está claro cómo ha podido suceder este horror. El hospital San Camillo, uno de los cinco donde se llevan a cabo abortos terapéuticos, señala a la empresa pública AMA, que se encarga de los cementerios en Roma. AMA dice que sigue instrucciones de la autoridad sanitaria local. La autoridad sanitaria local tampoco asume responsabilidades.

Francesca, que no quiere desvelar su apellido, encontró la tumba de su feto con unas coordenadas (Cedida)

Lo cierto es que estos entierros son permitidos gracias a una ley creada en 1936, bajo el fascismo de Mussolini, y actualizada en los noventa. Un sistema que es contrario a la ley de aborto 194 promulgada en Italia en 1978, donde, según Ercoli, "se especifica que no se pueden hacer públicos los nombres". "En los hospitales y en el cementerio saben perfectamente que los derechos de la ley 194 están por encima de una ley fascista", remarca.

Aunque sea legal desde hace más de 40 años, abortar es tremendamente difícil en Italia. Según los datos oficiales, el 69% de los ginecólogos se acogen a la objeción de conciencia para negarse a practicar interrupciones de embarazo, aún siendo por malformaciones de feto. Sólo se puede interrumpir la gestación en unos pocos centros públicos, donde la gran mayoría de los médicos son objetores.

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Francesca tardó diez días en hallar un lugar para terminar su complicado embarazo. Y aún encontrado un médico no objetor, fue una verdadera pesadilla. "No basta con encontrar el ginecólogo, los anestesistas y enfermeros también son objetores. En el hospital fue todo mal -relata-. Pasé siete horas en la sala de parto sin que entrase nadie. Ni siquiera me hicieron una anestesia, epidural, nada".

Más complicaciones


Abortar, aunque sea por malformaciones del feto, es muy difícil en Italia: casi el 70% de los médicos son objetores

La ginecóloga jubilada Silvana Agatone, presidenta de Laiga (una asociación a favor de la aplicación de la ley 194) asegura que hay tantos médicos que se niegan a realizar abortos en Italia porque la mayoría de los responsables de ginecología en los hospitales provienen de universidades católicas, que promueven a médicos objetores. "El resto, o no quiere posicionarse contra sus jefes, o no quieren llevar casos que no implican un aumento de pacientes en sus consultas privadas porque una mujer que aborta no vuelve a ése médico, tiene un mal recuerdo", explica.

Ella, que ha practicado muchos abortos terapéuticos, promete que nadie entre los ginecólogos sabía que existía esta zona para fetos en el camposanto. "Personalmente pensaba que iban a una fosa común", dice. Agatone cuenta que en otros hospitales de la región de Campania hay acuerdos con asociaciones católicas para la sepultura de los fetos, pero no le consta que ningún ente de este tipo haya intervenido en el caso del cementerio Flaminio.

Allí, las mujeres que ahora o en algún momento se han enterado de la existencia de estas tumbas están empezando a acercarse para comprobar la localización de las cruces. Algunas han llevado flores, peluches o han construido un pequeño homenaje. Otras directamente han tachado sus nombres y han escrito el de sus hijos.

La Vanguardia

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