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Varanassi, la ciudad que transforma la muerte

Tres grandes atractivos tiene la ciudad de Varanassi, también conocida como "La ciudad de la luz". Por un lado el sagrado Río Ganges, por otro las Ceremonias de noche (vida) y las de mañana (muerte) y para terminar, del lado contrario del Ganges, se encuentran las ruinas dónde Buda dio su primer sermón a cinco fieles. Un viaje a las entrañas de la ciudad mas sucia y desprolija de la India, pero al mismo tiempo, la mas conmovedora y mística del mundo.

Por Ariel Marcos Olivera (Enviado especial)

 La primera impresión de Varanassi no es muy diferente a las de ciudades cómo Jaipur, Agra o la capital hindú, Delhi. Caos, aglomeración de gente y bocinazos sin parar. Vacas que vagan por las calles sin rumbo ni dueño, grupos de hasta quince personas debatiendo sobre el arreglo de un auto, pollos encerrados en jaulas mínimas, ratas que se esconden entre la basura. Pobres, muchos pobres, algunos con enfermedades, otros sin extremidades, todos juntos en una ciudad pequeña pero que los recibe para que sean bendecidos por la corriente del Gánges, que los acuna en su lecho de muerte a orillas del río sagrado dónde se vuelcan las cenizas de aquellos que buscan "cortar con el ciclo del karma". Imágenes que hablan solas.

 Un hombre observa desde una esquina el paso del tráfico que nunca para de moverse

 Cuatro integrantes de una familia montados en una moto. 

  Una vaca cruza la calle con su dueño (quien la dejará vagando sola cuándo ésta ya no le sirva)

 Tras un viaje de casi una hora, se llega a Hanuman Ghat, una de las escalinatas que descienden hacia el Ganges. Allí se empieza a concentrar la multitud para observar uno de los rituales mas impactantes del mundo, llamado Aarti

Aarti es conducido por 7 líderes cada uno representando un día de la semana. Están subidos a un escenario a orillas del río y la escenografía se completa con una especie de paraguas de luces. La ceremonia se inicia con el saludo de bienvenida al Ganges, donde un hindú representando a Shiva sopla unos caracoles de viento. Durante tres cuartos de hora, efectúan variados ritos con lámparas de fuego, hacen sonar campanas, cantan mantras y esparcen incienso.El sonido constante de los instrumentos autóctonos, acompañados por golpes de tambores, campanas y cánticos de fondo, crean una atmósfera religiosa conmovedora

Imágenes del conmovedor ritual. Los siete lideres espirituales le cantan al rio y le dan sus ofrendas. 

Llegada la hora el ritual se va terminando. Los gritos comienzan a ser cada vez menos, los líderes espirituales comienzan a apagar los inciensos y velas. Los turistas aprovechan para irse unos minutos antes para no agarrar el caos del final. Los hindúes se sientan sobre las escalinatas a comer con la mano un plato de comida que le dan de los diferentes templos que rodean la cuadra. En un clima de paz, cada uno enfrenta su destino y esperan el ritual que se celebrará unas horas mas tarde, cuando el sol se asome y el líder principal (de los siete) haga el primer saludo al río, donde durante todo el día se cremarán a muertos y esparcirán cenizas sin descanso. 

 Hindúes se emocionan día a día con el ritual. Del otro lado, turistas se mezclan con los locales para asistir a orillas del Ganges a la celebración. Emoción infinita. 

 Llegada la hora el ritual se va terminando. Los gritos comienzan a ser cada vez menos, los líderes espirituales comienzan a apagar los inciensos y velas. Los turistas aprovechan para irse unos minutos antes para no agarrar el caos del final. Los hindúes se sientan sobre las escalinatas a comer con la mano un plato de comida que le dan de los diferentes templos que rodean la cuadra. En un clima de paz, cada uno enfrenta su destino y esperan el ritual que se celebrará unas horas mas tarde, cuando el sol se asome y el líder principal (de los siete) haga el primer saludo al río, donde durante todo el día se cremarán a muertos y esparcirán cenizas sin descanso. 

Ni el caos de la ciudad logra quebrar la calma que deja aquel ritual en el alma. Algo que hay que hacer una vez en la vida (para la religión hindú) pero también para aquellos que buscan respuestas en un mundo sin paz.

Siete de la mañana, ya hay fieles bañándose en el Gánges y los botes comienzan a navegar por el río para mostrarle a los turistas cómo es el ritual de cremación que termina con las cenizas del difunto flotando en el agua.

Decenas de templos y lingas junto a arboles pipales pueden verse continuamente a lo largo de la silueta de los distintos ghats que preserva cada uno su matiz peculiar. Las cremaciones tienen lugar solamente en dos sitios; en el Harishchandra Ghat y en Manikamika Ghat. 

Una familia deja el cuerpo en la pira de cremación. Una vaca come las flores que le dejan los familiares y los cerdos sirven para comerse la basura.

Cuando te acercas al lugar de la cremación no se distingue mucho si la pira esta ya encendida pero cuando ves al cadáver envuelto en una sabana blanca pero con la silueta bien definida y se ve todo el rito, cambia la sensación y el entorno se transforma en una fascinación mórbida pero espiritual que redunda en lo macabro. 

 : En la escalinata se pueden observar los miles de troncos que usan para prender la pira (350 kilos por cuerpo) los familiares tardan 20 minutos en cremar al muerto. El hombre vestido de blanco es el familiar màs cercano y responsable de hacer cumplir cada paso del ritual. Los demás acompañan. Las mujeres no tienen permitido asistir a la ceremonia: ellas lloran y acà, en este lugar, la muerte no es motivo de llanto. Luego, "Los intocables" son quienes se encargan luego de recoger las cenizas y depositarlas en el agua del Rio. Difícil encontrar un lugar así en el mundo. 

Y así van pasando los días en Varanassi. Entre la vida y la muerte, pero siempre con celebraciones. Sin lágrimas, sin rencores y sin objeciones. Cada uno tiene su destino y no quieren escapar de él. La vida en Varanassi es muy dura pero también es el lugar dónde todo hindú quiere terminar. Son peregrinos que llegan de todas partes del país a presenciar estos festejos y no dudan en dejar sus ofrendas al Río (aunque no tengan casi nada). La ciudad tiene solo dos hospitales públicos y cuatro semáforos para millones de habitantes.

No todo es hinduismo en Varanassi, a unos kilómetros del lado contrario del Río sagrado, se encuentran las ruinas dónde Buda dio su primer sermón a sus primeros cinco fieles. Miles de budistas llegan de distintas partes del mundo para dar vueltas sobre su "meca" y dejan allí velas y sahumerios que llenan de olor y color el lugar. 

Las ruinas de Buda. Sobre el Sarnath predicó su mensaje del Sendero Medio como forma de alcanzar el nirvana. Considerado uno de los cuatro sitios sagrados del budismo y en la lista de tentativa de la Unesco para convertirse en Patrimonio de la Humanidad.

Según las crónicas, dos siglos después de la muerte de Buda, doce mil monjes budistas vivían en Sarnath. La ciudad floreció, especialmente en cuanto a arte y religión budista, gracias al patrocinio de ricos reyes. El peregrino chino Xuan Zang reportó en el siglo VII que había unos 30 monasterios y 3000 monjes en Sarnath, así como algunos templos hindúes y un templo jainista que todavía existe. La ciudad fue saqueada y devastada por los turcos musulmanes y cayó en abandono, y no fue redescubierta hasta las expediciones arqueológicas de Alexander Cunningham.

Los turistas que llegan de todas partes del mundo y las ofrendas que dejan en papeles de colores para venerar a su lider Buda.

Suntuosa y terrible, Vanarassi no es un lugar para espíritus delicados. En la ciudad habitada más antigua del planeta (o una de las más antiguas; ya que era contemporánea de Tebas (Egipto) y Babilonia) se mezclan la luz y la oscuridad, lo escatológico y lo sublime; conductores de rickshaws (triciclos taxi) pedaleando por calles polvorientas, niños pedigüeños, venerables ancianos de rostros antiguos, muchachas bellísimas, hileras de leprosos, campanas y letanías, sándalo y bosta de vaca, oro y excrementos. Todo en un mismo lugar. 

Una "intocable" mira a la cámara desde atrás de un alambrado. Se dedican a pedir limosnas y comida.

Fotografía y textos: Marcos Olivera - instagram.com/marcosolivera_

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