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Jeanine Áñez: sexo, mentiras y esposo narco, las polémicas que rodean a la dictadora boliviana

La presidenta de facto de Bolivia intenta perpetuarse en el poder mediante la inhabilitación de candidatos a las próximas elecciones. Su marido es Héctor Hernando Hincapié, un político colombiano investigado por nexos con el Cartel de Cali durante la gestión de Iván Duque.

La crisis política y social por la que atraviesa Bolivia tiene una protagonista: Jeanine Añez, quien se autoproclamó presidenta del vecino país sin quórum parlamentario, avalada por militares y policías golpistas, y una clase política racista y xenofoba. Ahora, trata de perpetuarse en el poder a toda costa.

Según consignaron fuente bolivianas consultada por 24Con, un total de 365 candidatos y candidatas de partidos y alianzas políticas que participarán de las elecciones presidenciales del 3 de mayo, corren riesgo de quedar fuera de la carrera electoral, tras ser inhabilitados por incumplimiento de los requisitos legales exigidos por la Ley de Régimen Electoral.

El partido del ex presidente Evo Morales, el Movimiento Al Socialismo (MAS), ya cuenta con 57 inhabilitados por diversas causa y falsos positivos montados desde el Ministerio de Gobierno y la prensa, en los que aparece el ministro Arturo Murillo o jefes de la policia presentando "pruebas" y acusando de sedición a cualquiera que se atreva a criticar ese accionar. De hecho, hasta existe una falsa denuncia contra el ex mandatario por abuso a menores.

En ese sentido, sectores cercanos a Evo Morales en la Argentina señalan que existe un "temor fundado" en que los integrantes de la formula presidencial, Luis Arce Catacora - David Choquehuanca, candidatos a presidente y vicepresidente, respectivamente, sean inhabilitados. Ya fueron citados a declarar ante la Justicia, por eso algunos piensan que pueden correr la misma suerte.

La presidenta de facto (transitoria se debe decir en suelo boliviano porque llamarla de otra manera es considerado sedición), será candidata en un escenario de persecución política y críticas moderadas por no cumplir el rol para el que fuera puesta por la derecha boliviana en el cargo: barrer con el MAS y Evo Morales.

En su breve recorrido por la presidencia, su gestión no sólo es responsable de la salvaje persecución política, represión, asesinatos, desaparecidos y la instalación de falsos positivos contra ex funcionarios, sino que, además, lanzó su candidatura a la presidencia, contrariamente a lo que había dicho, que sería "transitoria". Algo que genera criticas en sus propias filas y alianzas.

Algunas de sus prácticas son similares a las que lleva adelante el poder político colombiano, y no es casual, ya que su marido, Héctor Hernando Hincapié Carvajal, fue candidato del Partido Conservador Colombiano en varias oportunidades y es fundador del Partido Social de Unidad Nacional. Es un personaje conocido en su país, no sólo por ser político, sino que también fue investigado por nexos con el Cartel de Cali durante la gestión de Iván Duque.

Este personaje fue uno de los "quemados" en las elecciones de 2018 en la presidenciales de Colombia, cuando aspiró al Senado como candidato del Partido Conservador, ya que obtuvo poco más de mil votos, 1.066 para ser exactos. Esta incursión fallida es apenas una de su carrera, también aspiró a la Asamblea Departamental de Tolima y a la Cámara de Representantes por el departamento en dos ocasiones: en 2010 como conservador y en 2014 por el Partido de la U. Pero para él, como para su esposa, el poder no reside en la urnas.

No está claro desde que fecha son pareja, aunque se sabe que Áñez antes de autoproclamarse presidenta de Bolivia viajaba habitualmente a Colombia para pasar estadías con Hincapié, aunque el rol que desempeña en la actualidad le dificulta continuar con esa dinámica.

Por su parte, Hincapié también pasaba largas estadías en Bolivia, por "negocios" y para estar con Jeanine, pero la exposición mediática de su mujer ya no le permite pasar desapercibido en tierra boliviana. Lo contrario pasa en sus redes sociales, donde no le importa la exposición y sale al cruce de las criticas y de las burlas, principalmente, por el video porno de Áñez que recorrió el mundo entero.

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A pesar de las críticas que rodean el accionar de Áñez, la dictadora no se hace cargo y sigue adelante con sus planes de perpetuarse en el poder, sin haber sido elegida por el pueblo, pero con el aval de los sectores conservadores de Bolivia y la derecha regional, y lo que es más importante, con el respaldo de la Unión Europea, la Organización de Estado Americanos (OEA) y el Gobierno de los EEUU.

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