Deportes

Con un final demoledor, River gritó campeón otra vez

Se quedó con la Recopa Sudamericana y así cerró el ciclo que había comenzado con el inolvidable triunfo en Madrid ante Boca.

Hay una fiesta prolongada. Una fiesta que empezó hace casi seis meses, el 9 de diciembre de 2018. Desde ese día River vive en un estado de felicidad permanente. Nada lo perturba. De sonrisa en sonrisa. Y ese festejo que se inició en el Santiago Bernabéu de Madrid, que siguió dos semanas más tarde en el Monumental cuando el plantel volvió a la Argentina tras disputar el Mundial de Clubes, tuvo su continuidad anoche otra vez en Udaondo y Figueroa Alcorta, esa tierra inexpugnable. River goleó 3-0 a Athletico Paranaense y se quedó con la Recopa Sudamericana. Un nuevo título a sus vitrinas. Núñez está de fiesta. Núñez es carnaval.

El "dale campeón, dale campeón" ya atronaba desde los cuatro costados del Monumental cuando el chileno Roberto Tobar no había pitado. Quedaban segundos y el equipo de Marcelo Gallardo terminaba holgado un encuentro en el que sufrió mucho. Parecía un sueño pero era real. Como tantas veces en este ciclo de ensueño para River. Y el pitazo final hizo explotar a los hinchas. Bengalas de colores, humo rojo y blanco, frenesí, canto. Y el recuerdo al eterno rival. "Es para vos, es para vos bostero"... 

Con el recuerdo de Madrid latente. Es que River jugó esta final por haberle ganado la de la Copa Libertadores a Boca. Y terminó despachando también a Athletico Paranaense, un rival duro que cuando faltaba media hora para el final tenía la serie a su favor. Pero al equipo del Muñeco si no lo liquidás...

Hasta el último minuto no te podés confiar. Y cuando la historia se iba al alargue apareció Lucas Pratto, el refuerzo más barato de la historia de River a esta altura. ¿Quién se acuerda que salió 14 millones de dólares? ¿Quién va a cuestionar que se pusieron 14 palos para traerlo? El Oso pagó hasta el último centavo con goles importantes. Aquellos de la final contra Boca. Este ante Paranaense para que River gane otra (Re)copa. Y atrás suyo desfila Matías Suárez, ese cordobés que llegó hace poquito y pareciera que jugara desde chiquito en River. Está hecho a medida del club.

"Muñeeeeecooo, Muñeeeecooo", gritan todos. Las gargantas quedan rojas. Las manos, de tanto aplaudir, también. Ovación total para Marcelo Gallardo que se abraza con todo su cuerpo técnico. Y con sus jugadores. Ya son una familia. Y ahí está una de las claves. Es un grupo muy unido. Dentro y fuera de la cancha. Y eso genera que cuando las cosas no salen, aflore el coraje, el espíritu combativo. Y River sigue de pie, llevándose todo por delante en el continente.

Gallardo es la clave. Desde su llegada cambió la mentalidad. Y River se transformó en una bestia internacional. Con él ya son siete las copas en ese ámbito. Y ganó siete de las ocho finales que disputó. Solo perdió ante el Barcelona. Así River pasó a sumar 12 títulos internacionales en la era moderna, 18 en toda su historia. Y junto a las otras tres copas nacionales que obtuvo, el Muñeco se transformó en el DT más ganador en el club de Núñez. Como para no hacerle una estatua de bronce, esa que estará lista para el 9 de diciembre.

La mentalidad es fundamental. Cuando era jugador, Gallardo había notado que con los planteles que River había tenido, podría haber ganado muchas más copas. Pero siempre faltaba algo. Y el Muñeco, con el correr del tiempo, se dio cuenta que tenía que ver con un componente psicológico. Por eso, además del fútbol, apostó a la cabeza.

Sandra Rossi, especialista en neurociencia es vital en ese trabajo. Integra el cuerpo técnico desde que Gallardo asumió a mediados de 2014. Y también hay una química especial entre todos sus colaboradores. Desde Matías Biscay y Hernán Buján hasta el último de los utileros, pasando por los cuatro preparadores físicos, los kinesiólogos, el videoanalista, el jefe de prensa. Cada uno cumple su función. Y Gallardo, la cabeza, ejecuta.

Y cada decisión es valorada y respetada. Lo mismo por sus jugadores. No hay mala cara de Leonardo Ponzio, por más que sea el capitán, por ser suplente. De hecho, da el ejemplo. La pelea desde afuera. Y tiene su premio al ser titular en la final, en el partido decisivo. Y Suárez había jugado desde el arranque la semana pasada en Curitiba y le toca ser suplente en el encuentro clave. ¿Se pone mal? No. Espera su momento y termina siendo vital para cambiar la historia.

¿Quién puede dudar de Franco Armani por más que tenga dos partidos seguidos con errores? Sería una locura. Por eso a Gallardo no le cambia nada. Sabe de que está hecho el arquero que él eligió. Y le vuelca la confianza. Y Armani responde cuando tiene que responder. Atajándose todo en las finales. Cuando la pelota quema más que nunca.

Y por más que haya cansancio River no para hasta el final. Por eso lo gana en tiempo de descuento. Porque, a través del trabajo de Pablo Dolce y el resto de los profes, se encuentra en buenas condiciones para sostener un semestre en el que tuvo menos de dos semanas de vacaciones, una minipretemporada cortada y empezó a jugar el 19 de enero. Fue el que más jugó en este semestre con 27 partidos. Nada importante. River no se detiene. Y gana. Y golea. Es fuerte mentalmente.

Por eso, no es de extrañarse que vuelva a subirse a un podio para recibir las medallas y alzar una copa más, la tercera Recopa Sudamericana del ciclo y de su historia. Y los jugadores cantan, saltan, deliran. Y se suben a ese descapotable que va por la pista de atletismo mientras se escucha el himno riverplatense. Gallardo también. Suena el tema "Imposible", de Callejeros y la gente delira con la letra de tribuna. Hasta el Muñeco agita sus brazos. Y "el dale campeón es intemrinable". Banderas, camisetas, gorros, vinchas, paraguas rojos y blanco y papelitos por el viento. Una fiesta bien riverplatense. Para volver a ser, como dice la leyenda de ese micro en el que los jugadores y el cuerpo técnico dan la vuelta olímpica, el más grande de la historia. La fiesta no tiene fin...


Más de Deportes