Sexo

Su esposa quería un trío y se lo organizó como regalo de cumpleaños

Ni ropa ni joyas. El presente para los 30 de su mujer fue cumplirle su fantasía sexual, y esto fue lo que pasó.

Acertarle al regalo siempre es un tema complicado. Aunque hay quienes creen que en realidad el regalo no es el objeto que se obsequia sino el tomarse el tiempo para pensar en el homenajeado, lo cierto es que lo primero que se busca es que al otro le guste o, al menos, le sea útil ese presente. A la espera de esa primera reacción al romper la envoltura, la que más reconforta o desasosiega, en igual cantidad. Sí, encontrar el regalo adecuado para el ser amado puede ser muy estresante.

Atravesando ese singular momento se encontraba el escritor Grand Stoddard, quien se especializa en temas de salud y sexo y cuyos artículos son publicados en diversos medios como Men's Journal, New York Magazine, Glamour, the New York Times, Vice, Playboy y BBC Magazine, entre otros. Su esposa cumplía 30 años y él estaba a la búsqueda del mejor regalo. Algo que reflejara el amor que siente por ella. Pero, cuál. La duda era total, según él mismo cuenta en una nota que publicó el sitio Men's health

En primera persona

"Ya tenía joyas y ropa, y sus elecciones de moda son tan particulares que tampoco quería comprarle algo que luego fuera a devolver", explica Stoddard, que agrega que fue casi de casualidad se le ocurrió la idea de regarle un trío sexual. "Comencé a pensar qué podía cumplirle una verdadera ilusión, y como yo suelo escribir en internet textos de cariz sexual, coincidió con que me escribió una chica felicitándome por uno de ellos. Fue entonces cuando comencé a barajar la idea".

La idea de cumplirle una fantasía sexual a su mujer se le ocurrió luego de descartar otros regalos.

Según Stoddard, solo bastaron un par de semanas de comunicación entre él y la otra mujer, que se llamaba Carla, para que esta comenzara a enviarle fotografías de sí misma. "Era morena, alta, curvilínea... perfecta. En su lista de deseos de siempre se encontraba hacer un trío con un hombre y otra mujer. Mi mujer me había comentado hace mucho tiempo que ese también era su sueño, así que no lo pensé dos veces, se acercaba el cumpleaños de mi esposa y tenía muchas cosas que organizar".

Decidió alquilar una habitación en un hotel en Vancouver, Canadá, y comprarle un pasaje de avión a Carla para que pudiera ir. Lo mantuvo en secreto durante un tiempo, hasta que se aproximara la fecha del cumpleaños. "También compré otros regalos más tradicionales", cuenta. "Para que no sospechara nada, aunque sabía que tenía que decírselo con tiempo por si al final realmente no le interesaba la idea. Había otra cosa que me atormentaba, había visto a Carla en fotografías, sí, y era despampanante, pero ¿cómo saber que era ella realmente y no me estaba engañando?".

Un fin de semana para recordar

Se lo contó finalmente a su mujer, que, sonrió entusiasmada. "No tenemos obligación de pasar el fin de semana con ella si no es como en sus fotografías, podremos pasar unos días estupendos aunque solo estemos nosotros solos. Sea como sea, la experiencia saldrá genial", dijo. Así llegó el día. Compraron preservativos, hielo, algunos bocaditos y esperaron a que llegara Carla, con un nudo en el estómago. "Entonces apareció", relata Stoddard. "Era aún más preciosa que en sus fotos".

Así llegó el día. Compraron preservativos, hielo, algunos bocaditos y esperaron a que llegara Carla, con un nudo en el estómago.

Según el protagonista de la historia, al principio estaba un poco asustado de no cumplir con las expectativas de las dos mujeres. "Era la primera vez que hacía algo así, por lo que me metí en el baño a intentar relajarme". Cuando salió ellas ya se habían desprendido de su ropa interior y se estaban devorando la una a la otra. Decidió observar durante unos segundos hasta que él también entró en el juego. Su mujer le guiñó el ojo al terminar y le susurró al oído: "Muchas gracias".

"Fue un fin de semana increíble. Aún hay partes que no recuerdo. El primer día solo bajamos al bar a comprar agua porque estábamos muertos de sed y de cansancio, fueron varias horas de sexo intenso. Después a mi esposa le fue apeteciendo cada vez menos, aunque Carla y yo todavía teníamos ganas. No teníamos ganas de ponernos la ropa pero al final hubo que hacerlo. Sin duda, un fin de semana que recordaré para siempre. Y mi mujer seguro que también".

Fuente: Men's health, El Confidencial y Clarín?

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