Política

Cambiemos, el bloque que más aportó para que no saliera la ley

Fueron 17 de los 25 senadores oficialistas los que votaron por el rechazo. La mayor parte de la UCR. En el Gobierno todavía se preguntan qué resultado era el que más le convenía a Mauricio Macri.

Casi el 70 por ciento de los senadores del oficialismo -que tiene 25 bancas- rechazó la legalización del aborto. Fue el bloque que más aportó para frustrar la ofensiva "verde": 17 de los 38 votos. El resto se repartió entre peronistas federales, partidos provinciales, la centroizquierda y una cristinista.

La primera reacción pública del ministro de Salud, Arturo Rubinstein, tras anoticiarse del resultado de la votación consistió en acusar "un poco de sorpresa" por el hecho de que Cambiemos haya sido determinante en el triunfo del "no". Sonó extraña la reflexión del funcionario, de origen radical y frustrada militancia pro abortista, dado que ya en Diputados el oficialismo se había inclinado mayoritariamente por el rechazo: 65 a 42. La diferencia fue la distribución partidaria: esa vez sumaron más el PRO y los de Elisa Carrió. En el Senado inclinaron la balanza los radicales: 9 de 13 votaron en contra.

Es cierto que la votación en la Cámara alta estuvo plagada de paradojas. Cristina Kirchner y su troupe votaron por el "sí" disciplinadamente en un 90 por ciento (sólo desertó la rionegrina Silvina García Larraburu, la última en integrarse a Unidad Ciudadana), pese a que los gobiernos K cajonearon por años los proyectos para legalizar el aborto en el Congreso. También apoyó el proyecto la mitad de los peronistas "clásicos" del bloque de Miguel Pichetto, pese a la tradición antiabortista del PJ. Varios de sus miembros confesaron en sus discursos que toda la vida estuvieron contra el aborto.

Por su lado, la UCR hizo su inestimable aporte al "no", pese a que el ex presidente Raúl Alfonsín fue quien evitó que el menemismo impusiera una cláusula antiaborto en la Constitución de 1994. Será que el radicalismo, donde históricamente convivieron conservadores y progresistas, es menos socialdemócrata de lo que pretendía el último prócer partidario.

Con su mezcla de orígenes y falta de tradiciones, el macrismo será por un tiempo la verdadera "caja de sorpresas". Aún en sus filas se preguntan qué resultado le convenía más a su gobierno. En el Senado aportó cuatro votos a favor y cinco en contra, mientras que tres de sus aliados se sumaron al rechazo de la ley.

Pichetto le recriminó en su discurso de cierre a Mauricio Macri que no apelara al "decisionismo" de mandatarios anteriores para empujar una ley que instó a debatir en el Congreso. Tal vez el flamante precandidato presidencial no haya reparado en que Macri se comporta en política menos como ingeniero que como un científico, por aquello de "prueba y error". Y probablemente no haya escuchado hablar de Carl Schmitt, el creador de la teoría del decisionismo político para influir en el dictado de las normas.

Lo más probable es que el Presidente se conforme en cosechar frutos por haber habilitado el debate. Bastantes dolores de cabezale habían deparado el triunfo del "sí" en Diputados, entre la feroz interna dentro de su fuerza y las amenazas de deserción de su base electoral más conservadora que le atribuía haber "operado" desde la Rosada para la derrota del "no". Hasta habrá festejado que no haya que tenido que desempatar en el Senado la vicepresidenta Gabriela Michetti.

Ahora, en el Gobierno piensan en retomar el tema mediante una despenalización atenuada del aborto a través de la reforma del Código Penal. Una bebida digerible para todas las partes. Sería una salida de estilo gradualista que para la economía no le funcionó, pero a lo mejor le sirva al Presidente para que la polémica por el aborto no le estorbe la campaña por la reelección en 2019. 

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