Sociedad

Los secretos del arma que mató a Pastorizzo

Un técnico de la Policía de Entre Ríos demostró cómo se usa la Browning .9 mm del padre de la joven en el juicio y estableció la mecánica de muerte. La dificultad del "segundo disparo accidental"

Esta mañana, Gustavo Pastorizzo estiró las piernas en la sala de audiencias y mascó un chicle mientras vio con ojos pesados la pistola que mató a su hijo Fernando.

El policía entrerriano Lázaro Javier Azcué, perito técnico en balística, había sido convocado a declarar en el juicio contra Nahir Galarza por los fiscales del caso, Lisandro Beherán y Sergio Rondoni Caffa, para ratificar el informe que había realizado meses atrás tras recibir la pistola Browning .9 mm propiedad del padre policía de Nahir.

Los investigadores le encomendaron realizar las pericias de rigor, junto con una vaina servida y un proyectil encontrados debajo del cuerpo de Pastorizzo el 29 de diciembre pasado en Gualeguaychú. Las preguntas iniciales que recibió de los fiscales eran sencillas: si el arma funcionaba, si ese plomo y ese casquillo habían salido de la Browning. Azcué, con el padre de la víctima en la primera fila de espectadores, terminó respondiendo mucho más.

Su testimonio fue impactante de ver. Azcué -joven, elocuente, sumamente ilustrativo en su relato, integrante de un equipo que realiza cerca de 1500 pericias por año- explicó la mecánica de la pistola semiautomática, lo que hace falta para que esa Browning dispare una bala. El fiscal Rondoni Caffa se la entregó embolsada a Azcué en el banco de testigos ante los jueces Mauricio Derudi, Arturo Dumón y Alicia Vivian, que se reían por nerviosismo y pedían que no los apuntaran. Nahir no estaba en la sala: sus defensores decidieron que no asista más al proceso luego de que ayer se quebrara en llanto y amenazara con suicidarse si exhibían en la pantalla del tribunal un video de ella y Pastorizzo teniendo sexo.

Azcué alzó la Browning, la disparó con munición inerte sin plomo ni pólvora, accionó el mecanismo. El perito efectivamente respondió que el arma estaba en condiciones de disparar, en buen estado, sin deficiencias mecánicas o de fábrica, que tenía comparativamente poco uso.

La vaina y el plomo recolectados bajo el cuerpo de la víctima, efectivamente, habían salido de la pistola de acuerdo a su reporte. El resto de lo que dijo fue un golpe al relato de la defensa de Nahir que busca quitarla de la zona caliente de la acusación de homicidio doloso agravado por vínculo y uso de arma de fuego que la llevaría a morir en una celda bajo cadena perpetua. La joven había confesado el hecho en un primer momento, para luego ampliar su declaración indagatoria y modificar el relato: los tiros que mataron a Pastorizzo se le habrían escapado, disparos accidentales, involuntarios. 

El joven murió junto a su motito en una calle de tierra con dos disparos que le atravesaron el cuerpo. El primero, determinó un estudio planimétrico presentado en el juicio, entró por su espalda y salió de su cuerpo sin tocar hueso para terminar su trayectoria impactando en la pared de una casa a 50 metros. Esta bala, según determinó el forense Marcelo Benetti, encargado de practicar la autopsia al cuerpo de Pastorizzo, fue la que le causó la muerte.

"Hay 50-50 de chances de que el primer disparo haya sido accidental", dijo Azcué al tribunal, como hipotéticamente. La segunda bala es algo mucho más complicado de explicar, al menos para Galarza: entró de frente, con Pastorizzo en el suelo. El plomo fue encontrado del otro lado de su espalda, enterrado en el suelo a cinco centímetros de profundidad.

Sobre este disparo, y sobre la posibilidad de un segundo tiro accidental o involuntario, Azcué habló con ciencia forense: "El tirador se acercó no más de 50 centímetros de la víctima para el disparo, necesariamente se agachó. Si uno no está preparado para disparar, el arma se le escapa de la mano. Un disparo de esta pistola genera 50 kilos de fuerza, el tirador soporta apenas 20 kilos, se prepara mentalmente para disparar otra vez si es que lo hace. El estruendo de un primer disparo es shockeante. La posibilidad de que un segundo disparo sea accidental disminuye drásticamente." La conclusión quedó en el aire en la sala del juicio: el remate de Pastorizzo solo podría haber sido, según estos cálculos, intencional.

La "celosidad" del gatillo, su sensibilidad, cuán fácil es accionarlo, fue una pregunta fuerte de la defensa de Galarza, integrada por los abogados José Ostolaza y Horacio Dargainz. Azcué apuntó que se puede medir cuánta fuerza se necesita para jalar un gatillo, "con una morsa y un dinamómetro". La Browning que mató a Pastorizzo "no tiene alivianado su mecanismo de disparo, no tiene defectos de fábrica ni un uso intensivo", aseveró el perito, "se necesitan cuatro kilos de fuerza para accionarlo y disparar", según especificaciones enviadas por Browning a Fabricaciones Militares en Argentina, la firma creadora de la pistola.

Un punto elemental también fue discutido: la primera bala tenía que entrar en la recámara.El mecanismo semiautomático garantizaba que la primera vaina fuera expulsada y que una nueva munición entrara para ser disparada, pero la pistola debía estar lista para tirar. Azcué afirmó que es una rareza que los policías entrerrianos guarden sus pistolas con balas en recámara: "Si lo hacen, lo hacen con el seguro puesto". Para cargarla, se necesita tirar de la correa del arma. Ambas acciones, si es que ocurrieron, podrían ser calculadas como un signo de premeditación.

No fue fácil para quienes conocieron a la víctima. "Basta con el arma", dijo por lo bajo un joven sentado en la sala que había conocido a Pastorizzo en vida, mientras oía los clics del gatillo. Gustavo Pastorizzo miraba serio, sin quejarse. Al final, sonrió, hizo algún chiste en el pasillo: había escuchado una explicación sobre cómo habría muerto Fernando. Un perito accidentológico que analizó la moto de Pastorizzo también dio su testimonio en la jornada: aseguró que al momento del crimen estaba "a muy baja velocidad, menos de 12 kilómetros por hora" o "directamente detenida".

No es la primera vez que la narrativa defensiva de Galarza se encuentra con un aparente escollo. Ayer por la mañana declaró Rafael de Stéfano, un joven de Gualeguaychú que supuestamente sería la última relación de Nahir, una figura que ahuyentaría el agravante por vínculo que le garantizaría la cadena perpetua. Cerca de Nahir aseguran: "Vino y lo presentó en casa". Pero De Stéfano aseguró que fue presentado ante la madre de la acusada "solo como un amigo", que tuvo sexo con Nahir una sola vez, que Nahir se negaba a abrazarlo o tomarle la mano por la calle y que no supo de la existencia de Pastorizzo hasta ver un post en el Instagram de la joven donde ella aparecía junto a su presunta víctima y hablaba de "cinco años juntos".

Este jueves, las audencias volverán al tribunal de Gualeguaychú con otro punto clave en la causa: las pericias psiquiátricas a la acusada.

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