"Alfonsín fue el padre que no tuve"

Por José Luis Gallego

¿Cuál es la imagen que tenés del Dr. Raúl Alfonsín?

Mirá, la imagen que yo tengo de Alfonsín siempre fue muy buena, porque la gente habla mucho y hace poco. La gente habla mucha boludez acá.  Después de las épocas de dictadura que se han vivido, yo tengo 50 años, le jure la bandera a Massera y he estado en la colimba cuando estaban los presos políticos. Viví toda esa cosa de no poder salir a la calle por tener miedo a que te maten porque sos gay.

Más allá de todo eso no era una vida muy normal la que se vivía en Argentina, si bien tampoco era maravillosa la situación económica.
Cuando vino Alfonsín esto no era un país sino una especie de cacerola dada vuelta y el tipo hizo que las cosas funcionen como democracia, tuvo sus errores, un montón de cosas políticas que quizás no hayan sido buenas, pero yo tengo el mejor de los recuerdos. Me parece un tipo cálido, me parece el padre que yo no tuve.
Quizás, yo traslade la imagen esa en él.  Me gusto su participación en un país en el cual sólo era caos muerte y dictadura. 

¿Lo votaste?
Sí, por supuesto.

¿Quedó alguna deuda pendiente de Alfonsín para con la sociedad?
Yo creo que la sociedad quedó en deuda con Alfonsín. 

¿Por qué?
Se le ha faltado mucho el respeto a Alfonsín y no ha sido una persona ni maliciosa, ni chorra, ni soreta, ni déspota. Después de 8 años de dictadura se lo criticaba porque pensaban que en tres años él iba hacer de este quilombo descarrilado una maravilla paradisíaca y es imposible. Acá se necesitaron 20 o 30 años para que la sociedad se vuelva a reinstalar en la base de la familia. Y un presidente no puede solucionar eso. Por eso creo que la sociedad le debe.
 
Los boludos éramos nosotros cuando estábamos gritando con los milicos, todavía hay gente que pide que vuelvan los milicos y la verdad que no estoy de acuerdo.
 
¿Alguna anécdota de aquella época?

Estaba prohíbido salir a la calle no te podías reunir para hacer una fiesta, en la colimba me cagaron a trompadas, veía como torturaban y mataban gente. Yo lo veía estaba en los buzos tácticos y el primer día de democracia era todo como una gran algarabía. Pasamos de un país que estaba torturado y cortado al medio por los milicos a un país libre donde podíamos salir todos a la calle a pasear, a bailar, ir a la calle y sentir que somos libres, era una gran libertad sin tener miedo.

La anécdota que más recuerdo es la felicidad que tuve el primer día de democracia. Mujeres, hombres, gays o no, todos festejando. Eso,  lo que siempre quise, nunca hice nada malo para estar preso adentro de mi casa.

Esa anécdota nunca me la voy a borrar, esas millones de personas en el obelisco saltando y cantando de felicidad, fue la primera y, ultima vez que se vio en Argentina.

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