Barras de Morón en la mira: "Los voy a perseguir a muerte"

La madre de Daniel García contó a 24CON la implicancia de la hinchada del Gallo, el papel de su Presidente y la relación con el Municipio. Detalles de un caso oscurecido por la política.
por
Jonathan Raed

El 11 de julio de 1995 Daniel García, vecino de Saavedra de 19 años, taxista hincha fanático de Platense, perdió la vida en Paysandú, territorio uruguayo que fue una de las sedes de la Copa América del ’95. Luego del partido entre Argentina y Chile, integrantes de las barras siamesas de Morón y Tigre ingresaron a una combi en la cual se encontraban los “enemigos” de Platense y de Defensores de Belgrano.


Ese ataque con cuchillos, tijeras y botellas cortadas derivó en que Martín Veiga (25 años) y Gustavo Javier González (18) resultaran heridos de gravedad, Sebastián Portilla (20) con algunos cortes leves y, el mencionado Daniel García asesinado luego que el tercer puntazo cortara una arteria cercana al corazón.
Según relatos de la época, un patrullero local con dos oficiales fue testigo del hecho, pero no actuaron porque pensaron que se trataba de una trifulca menor. Ya en el comienzo, el caso tenía olor a negligencia e impunidad.

 

Juan Carlos Rousselot.

Las patotas de Rousselot
Los violentos asesinos y cómplices viajaron con total tranquilidad de regreso a Buenos Aires y volvieron a sus rutinas. La mayoría volvió a trabajar de barra en Morón y a ocupar su puesto en el municipio que por entonces dirigía Juan Carlos Rousselot. Incluso contaban con una “feria” en la cual vendían todo tipo de elementos, los cuales se especula incluían artículos robados.


Poco después de haberse cumplido 16 años del asesinato, la madre de Daniel, Liliana Suárez de García, continúa en la lucha por justicia junto a sus otros dos hijos, Alberto y Gabriel, y el padre de Daniel, Pablo García.


Liliana contó a 24CON cómo se trabó la causa tanto en Uruguay como en Argentina. Asegura que la mencionada cercanía entre los barras implicados y el gobierno de Rousselot fue fatal para el esclarecimiento del caso.


“Contaban con la protección de Rousselot. Desde el Municipio nos ponían todo tipo de trabas. Les pedíamos datos de los implicados y no nos lo mandaban o nos mandaban fotos de cuando tenían 12 años”, contó y agregó: “Eran la fuerza de choque de él (Rousselot) y hasta tenían legajo en el Municipio”, aseguró.


Al consultársele por si hubo algún cambio en la postura de las autoridades luego de la asunción de Sabbatella y posterior gobierno de Ghi, Liliana confesó: “Debo reconocer que después de tanto tiempo luchando sola, ahora me siento acompañada. Con protección”, admitió y prosiguió: “De hecho, Sabbatella fue el que les voló (sic) la feria esa que tenían en el centro y ahora tiene denuncias penales por las amenazas que recibió por parte de estas personas”, recordó.

 

Justicia uruguaya, parecida a la argentina
Al mismo tiempo, los contactos políticos argentinos cruzaron el charco y llegaron hasta Uruguay. Allí, la causa estuvo trabada durante seis años, a cargo del cuánto menos negligente juez Otto Gómez Borro, también acusado de corrupto por querellantes de varios casos de homicidio que estuvieron en su poder y quedaron en la nada. Después, pasó por las manos de varios jueces que dimitieron al poco tiempo de haber asumido la responsabilidad.


Hoy, con autoridades más serias, parece haber un poco de luz al final del túnel, aunque las leyes uruguayas apremian. “Allá (Uruguay) las causas prescriben a los 15 años. Pero presentamos documentación para que se reabra. La distancia ayuda a la impunidad, pero tengo esperanzas de que todo se va a esclarecer”, se ilusionó.


En este sentido, Liliana viajó junto a Graciela Muñíz, defensora Adjunta del Pueblo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, hacia Montevideo para reunirse con el vicecanciller charrúa, Roberto Conde, quien les otorgó esperanzas: “El gobierno uruguayo recabará información sobre el estado de la causa, verificará los oficios y comprobará si existe la oportunidad jurídica mediante un oficio archivado o pendiente para entonces sí solicitar la suspensión de la prescripción de la causa”, se comprometió el vicecanciller según Muñíz. Por su parte, en Argentina prescribió hace rato y las autoridades no dan respuestas.


Liliana también agradeció la ayuda incondicional de quien por entonces era Cónsul argentino en Uruguay y hoy es director de Argentinos en el Exterior, Guillermo Camarotta, quien le expresó que no “puede creer que esto siga en la nada”, dijo Liliana, luego de contar que Camarotta estuvo personalmente con los testigos y en la reconstrucción de los hechos.

 

Liliana junto a la bandera del homenaje a su hijo.

¿Quiénes son los culpables?
Liliana es Fundadora de Familiares Víctimas de Fútbol Argentino (FAVIFA) y Vicepresidente de la ONG Salvemos al Fútbol. Desde hace 16 años dedica todas sus energías en investigar a estas personas. “Si no puedo lograr que se haga justicia, por lo menos voy a lograr que queden escrachados ante la sociedad y tengan el repudio social”, explicó.

 

En ese sentido, Liliana no teme en nombrar a pesos pesados de las barras de Morón y Tigre. Por el lado de los violentos del Gallo se encuentran Máximo Manuel Zurita, apodado el “Gordo Cadena”, Ramón “Negro Café” Toledo, Miguel Ángel “El Gallego” Lobato, José “El Flaco” González y Carlos Alberto “El Negro Carli” Salomón. Por el lado del Matador están Roberto “El Mono” Britos y Rubén “Manzanita” Lézica. Todos con pesados antecedentes penales. “El Gallego” Lobato sería el autor material del hecho.


En aquellos días, el Capo de la barra de Morón era Jorge “El Zurdo” Ruiz, quien por estos días es el flamante presidente del Gallo. Liliana asegura que “El Zurdo” “no tuvo participación en el caso. Pero sí que los conoce, sabe quiénes son y no nos ayudó en nada”, sostuvo.


La máxima prueba que tiene Liliana para que se reabra su causa en Uruguay está basada en los videos de las cámaras que custodiaban el estadio de Paysandú y la aparición de nuevos testigos dispuestos a señalar a los mencionados acusados.


Hasta el momento, los mencionados barras sólo declararon por exhorto a través de un cuestionario que según Liliana estaba “mal hecho, con preguntas absurdas (…) por suerte hoy están claramente señalados”, remarcó.

Presente en el amistoso Argentina-Brasil
Liliana recibió la negativa de recordar a su hijo durante un partido de la Copa América recientemente jugada en Argentina, cuando se cumplieron los 16 años del fatídico hecho. Pero las autoridades de AFA habían prometido que en el próximo amistoso darían el visto bueno. Así fue. El presidente de Colón, Germán Lerche, firmó la autorización y el homenaje se hizo.


Liliana Suárez de García, acompañada por Graciela Muñiz y la presidenta de la ONG, Salvemos al fútbol, Mónica Nizzardo, dieron una vuelta con una bandera que rezaba: “Justicia para Daniel García, asesinado el 11 de julio de 1995, en Copa América Uruguay”.


“No lo puedo creer. Después de tanto, por fin Daniel tendrá su homenaje y justo junto a la Selección que él fue a ver en aquella Copa del ‘95. Agradezco a quienes hicieron posible que este sueño se haya hecho realidad”. Muñiz se sintió “emocionada”, y agradeció a los planteles de Argentina, de Brasil, y al técnico Sabella “por recordar y entender el dolor de una madre que perdió a su hijo de manera absurda”.


Hoy los asesinos siguen libres. Los barras acusados, lejos de sentarse a declarar, siguen yendo a la cancha a hacer su nefasto trabajo. Tal cual lo hacían antes de aquel 11 de julio. Tal cual lo hacen 16 años después. Quizás, con más poder aún. Pero Liliana no se rinde y promete: “Voy a seguir adelante reclamando justicia. Los voy a perseguir a muerte. Si la Justicia no cumple su parte, van a tener el repudio social”, sentenció.

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