Son lesbianas, tienen tres hijos y quieren casarse

Andrea y Silvina se unieron civilmente pero ellas piden tener los mismos derechos que un matrimonio. Una historia de amor que también tiene que ver con la lucha y la justicia
por
L. Fernández Vivas y J. L. Gallego
El debate está abierto, la iniciativa fue tomada por la Ciudad de Buenos Aires, pero puede ampliarse a todo el país. El próximo 1 de diciembre, la Ciudad de Buenos Aires pasará a integrar la lista de capitales donde esté legalizado el matrimonio entre homosexuales. Alex y José María darán el si en el registro civil y la comunidad gay entera celebrará este hecho como histórico.

Sin embargo, este matrimonio, autorizado judicialmente, no soluciona la situación de infinidad de parejas y familias que aun cuando viven bajo un mismo techo, unidos por el amor, y hasta con hijos, para los ojos de la ley son solo personas aisladas sin ningún vínculo, sin derechos ni obligaciones entre si.
 
La provincia de Buenos Aires no podía ser menos, ayer una pareja de hombres que conviven juntos hace 37 años solicitaron turno en Mar del Plata para poder unirse en matrimonio, aún no recibieron respuesta. Pero el problema de este vacío legal sobre las uniones de homosexuales se agudiza cuando la falta de decisión afecta a terceros.

Andrea y Silvina conviven desde hace 17 años. Fruto de ese amor, y ayudadas por la ciencia, tienen trillizos. Los cinco conforman una familia no convencional, mirados desde la costumbre, aunque para la ley no es más que el conjunto de una madre soltera con tres hijos y una acompañante.

Andrea explicó a 24CON como es vivir enamorado, formar una familia y que la ley mire hacia otro lado. “Yo no elegí, me enamoré, y que esa persona de quien aun estoy enamorada sea una mujer no era ningún impedimento” explicó en una conversación telefónica mientras de fondo se escuchaban a sus tres hijos.

“Nosotras tenemos la unión civil, pero nos encantaría casarnos, pero el caso de Alex y José es un fallo particular, para llegar al matrimonio tenes que ir con un amparo y dependes del juzgado que te toque” opinó Andrea y continuó “la unión solo te da derechos con el tema de la obra social e internación, con el matrimonio se conseguirían los mismos derechos que tiene un matrimonio común”.

El matrimonio todavía no es una opción pero sería una solución para la relación legal de su familia: “Legalmente es una situación de madre soltera. Tienen el apellido de Silvina, los chicos están en una desigualdad de derechos;, si a mi me pasa algo no pueden heredarme, si le llega a pasar algo a ella yo no tengo la guarda. Cuestiones que estan dadas de por si en una cuestión matrimonial.

 En nuestro caso, y en el de muchas otras familias diversas, no es así. Los derechos de los chicos, al pie de la letra, no estan salvaguardados”.

“A nosotras nos surgió muy naturalmente la idea de tener hijos. Después de estar juntas mucho tiempo sentíamos la necesidad, el deseo y lo pensamos, averiguamos, analizamos opciones. El tema de la adopción era muy difícil, teníamos que mentir ante la asistente social y no queríamos. Y así llegamos a la inseminación artificial con esperma de donante anónimo. Así la familia la conformamos Silvina, los chicos y yo” afirmó orgullosa.

El matrimonio de Alex y José María, que necesitó además de la autorización judicial la firma del Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, no fue bien recibido por la iglesia. El arzobispo Bergoglio le hizo llegar su disgusto y su desaprobación al político. Al respecto, Roberto Piazza opinó explícitamente sobre la actitud del prelado: “que no me rompan las pelotas largando semejante sandeces” (Ver Nota: Piazza ortodoxo).

 

Andrea entiende que la iglesia no acepte los vínculos homosexuales, pero prefiere vivir a Dios a su manera: “Soy muy respetuosa de la religión y muchísimo mas de las religiosidades, que son diferentes. Pero no me parece que lo religioso tenga injerencia en lo civil, este es un estado laico con separación de la iglesia y del Estado. Nací y fui bautizada bajo el rito ortodoxo árabe, después tuve una formación católica, apostólica y romana y fui catequista. Enseñaba catequesis en las escuelas. Hay cosas que yo puedo tomar de la iglesia, y otras que las desecharé por que son incompatibles con mi forma de vivir a dios”.

Andrea y Silvina, como muchas otras parejas gay, y como propone la Federación Argentina de Lesbianas Gays, Bisexuales y Trans (LGBT), esperan que el Congreso debata antes del 10 de diciembre la modificación del código civil que no les permite casarse. La diferencia radica, según manifiesta Andrea, que la ley vigente habla de “hombre y mujer” en matrimonio, cuando debería hablar de “contrayentes”. “Sería así una sociedad mas justa, más igualitaria, para que nos acerquemos a la sociedad que queremos ser, que no haya tantas diferencias entre nosotros. Es hora de que nuestros representantes se animen al debate” finalizó.