Los secretos de la Bonaerense

¿La policía quiso usar a Luciano de "pibe chorro"?

La desaparición de Luciano en Lomas del Mirador desnudaría maniobras oscuras de algunos policías con los pibes chorros. Liberación de zonas, coimas y robos en patrulleros. ¿Cómo operan con los menores?
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Pablo Noto/Federico Trofelli

Luciano Nahuel Arruga fue visto por última vez el 31 de enero. Según consta en la causa que investiga la UFI 1 de La Matanza, un testigo declaró que el chico estuvo ese día en el interior del destacamento Policial de Lomas del Mirador donde habría recibido una fuerte golpiza.

 

Los allegados del joven (de 17 años al momento de desaparecer) insinúan que no quiso “trabajar” para la policía y por eso temen lo peor: su asesinato y encubrimiento. Una vez más los efectivos están bajo sospecha por sus actividades en los barrios marginales del Conurbano.

“Varios vecinos coinciden en que antes de que se lo llevaran en un patrullero, mi hermano le responde a un policía: ‘No, yo no voy a agarrar eso, eso no es mío’. Ahí lo golpean, se lo llevan y no se sabe más de él”, indicó a 24CON Vanesa Orieta, hermana de Luciano.

Cuando la delincuencia juvenil es la víctima

Luciano Arruga

“No sé cuál fue el motivo de la detención pero sí se sabe a ciencia cierta que estuvo en el destacamento de Lomas del Mirador”, explicó Pablo Pimentel, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y abogado de la familia. De todas formas deja entrever que se trataría de uno de los tantos hechos donde algunos efectivos de la Bonaerense reclutan jóvenes para que salgan a robar: “En el caso de Luciano han querido tapar todo tipo de pruebas y evidencias. Han utilizado la desaparición de una persona, una figura que en Argentina nos duele mucho”.

 

“La connotación que agrava mucho más este hecho son dichos de Luciano (antes de que desapareciera) que son reforzados con los testimonios de sus amigos. Ellos dicen que habían sido invitados a trabajar, entre comillas, para algunos miembros de la Policía”, argumentó Pimentel. “Después, pasó lo que pasó”, concluyó.
 
Diferentes fuentes consultadas aseveraron que el camino que emprenden estos chicos es de ida: “O caen en un enfrentamiento o directamente los exterminan. Son los códigos mafiosos. Este chico se ha negado a todo este trato y puede haber sido uno de los motivos de su desaparición”.

El Conurbano profundo, tierra de nadie

Pimentel, prácticamente un especialista en estos temas, graficó: “Este no es un caso aislado, desgraciadamente estamos acompañando a un grupo de padres del barrio San Petesburgo que junto con Puerta de Hierro conforman lo que en el mapa del delito se llama el triángulo rojo entre tres localidades: Isidro Casanova, Ciudad Evita y Laferrere. Ahí tenían la misma problemática, algunos policías reclutaban chicos para cometer delitos y por suerte los padres acudieron a nosotros”.

 

El representante de la APDH indicó que está trabajando conjuntamente con las autoridades policiales locales y provinciales por este flagelo. “Gracias a Dios tuvimos muy buena relación y estamos revirtiendo esto y muchos efectivos fueron trasladados a otras dependencias”, manifestó. Sin embargo, no hay policías presos ni separados de sus cargos.

Según coinciden diferentes dirigentes que trabajan en la APDH en otros puntos del Conurbano, se trata de una “práctica muy usual”. “Es repudiable y sabemos muy bien que eso no hace nada para bajar los índices de inseguridad en el Conurbano”, agregó Pimentel.

“Presión” policial

Los aprietes y la corrupción policial se tornan aún más complejos cuando hechos de la misma talla repercuten en diferentes lugares. Los rumores comienzan a cobrar más fuerza, hasta casi revelarse como realidades por hartazgo. En el barrio de emergencia Puerta de Hierro, la docente de la escuela 162, Nelly Edith Baldano, denunció en diciembre pasado el modus operandi de las fuerzas.

“La gente tiene mucho miedo de hablar y contar lo que sabe sobre la connivencia entre la policía y los pibes de la villa, pero ya estamos cansados de tanta impunidad (…) Es un secreto a voces que son policías los que reclutan a pibes de diferentes villas, los arman y después les liberan zonas para que puedan robar y huir sin inconvenientes”, reveló la mujer al diario Crítica de la Argentina. Por esos días, los acusados de asesinar al ingeniero Ricardo Barrenechea en San Isidro, estaban siendo intensamente buscados por el barrio.


Actualmente, en esa zona las cosas parecen estar más tranquilas. “Empezamos las clases y no hemos tenido información de ningún hecho similar en lo que va de este año”, dijo a 24CON Baldano, quien también hizo hincapié en que recientemente funcionarios del ministerio de Seguridad habían concurrido al lugar para interiorizarse en el tema y tomar cartas en el asunto.

Si bien no hay novedades de este tipo de “operaciones” policiales, la docente expresó: “Varios vecinos nos dijeron que hay casos en que los chicos son llevados en combis a robar. La policía lo ve pero mira para otro lado, es como liberar una zona”.

Baldano detalló que “los pibes son enemigos de la policía. En algunos casos tienen que trabajar para ellos porque sino les inventan una causa”. Y ejemplificó: “En la escuela el año pasado se llevaron a un alumno nuestro que fue usado dos veces pero no ‘trabajó’, es más, volvió llorando. Y después de dos meses le apareció una causa judicial por robo en tentativa”.

Modus operandi

Una vez reclutados los chicos de las zonas marginales, serían cuidadosamente trasladados a zonas más pudientes. La región norte del Conurbano parece ser el destino más apetecible. Desde la DDI de San Isidro revelaron a este medio que estas bandas "generalmente se manejan entre grupos de 4 o 5 personas, entre menores y mayores. Van rotando, no siempre son los mismos. Logran ganar la casa introduciendo tarjetas o plásticos en las puertas que al no tener puestos los cerrojos algunas ceden fácilmente”.


Las mismas fuentes puntualizaron que "una misma banda suele robar varias casas en pocas horas. Generalmente vienen de afuera, entonces aprovechan el viaje y hacen todas las casas que pueden. Por las investigaciones que llevamos a cabo, la mayoría viene de La Matanza".

"Estos grupos salen a ‘lanchar’ (dar vueltas con un coche robado) y están atentos al descuido de los vecinos. También registramos casos donde grupos de menores simulaban ser vendedores ambulantes y marcaban las casas", añadieron.

Un alto funcionario policial de San Isidro, que prefiere reservar su identidad, confió a 24CON que "es común que los vecinos nos llamen porque ven caras raras en el barrio. Los identificamos, a veces los traemos a la comisaría y después los padres vienen a buscarlos. Incluso, muchas veces los padres no pueden venir y nosotros los tenemos que llevar en patrullero hasta la casa. Prácticamente todos son de Puerta de Hierro o San Petesburgo".

La extorsión

El accionar de algunos uniformados también encubre otra clase de estrategias, que en su mismo trasfondo ocultan delitos. Al respecto, una de las fundadoras de Madres contra el Paco y por la Vida, Isabel Vázquez, comentó a este medio que los alrededores de la feria La Salada, en el partido de Lomas de Zamora, no son ajenos a estas maniobras. “Lo que sabemos es que cuando (los efectivos) agarran a los chicos que roban, van a las casas de las madres y les piden plata para que el caso no llegue a tribunales. O sino le dicen directamente que hagan su ‘laburo’ y les traigan el dinero a una determinada hora”.

Por su parte, Pimentel opinó: “Para terminar con la inseguridad, hay que terminar con la hipocresía y que los órganos de control funcionen porque tener 50 mil hombres, no digo todos, pero que un porcentaje esté implicado en esto, sumado al alto grado de conflictividad que hay, es un cóctel explosivo. Todo esto es lo que está pasando hoy”.