El Conurbano es uno de los epicentros más calientes de la noche tropical. Post Cromañón, la plata dulce de las giras explotó en Provincia. De la disco a la bailanta "lo único que cambia es la pilcha", dicen.
“La Nueva Luna pide cualquier plata, como 7500 pesos”, lanza enojado Rubén Allieti, un histórico del palo cumbiero, referente de un local bailable de La Plata y líder de su agrupación homónima. “Hay bandas que no llegaron a tocar por el horario y quisieron cobrar igual, yo los cago a trompadas si no vienen”, sentencia y abre con sus comentarios el entripado juego de los empresarios de la noche.
Porque entre las escasas ventas de discos, el buen funcionamiento comercial de la Web y las presentaciones en TV, lo único que rendiría económicamente son los shows, que generan una usina que supera el millón de pesos mensuales entre entradas y cachés.
“Las bandas las contratamos, y así tenemos programados los eventos varios meses antes. Si hay un grupo nuevo, se lo trabaja, le damos consejos, etc. Como a Pablo Lescano y a Dalila que prácticamente nacieron acá. Hay algunos que han tocado gratis, sabiendo que desde acá después la van a pegar”, comenta a 24CON Marcelo “Tigre” Romero, el dueño de Rescate Bailable del municipio de San Martín.
“La música tropical siempre tuvo su lugar. La gente de la disco hace tiempo se pasó a la bailanta y ahora están volviendo nuevamente a la disco”, comenta Mauro Piñeiro, tecladista y manager internacional del grupo Ráfaga.
En la city porteña, la situación se tornó más compleja. Luego de la tragedia de Cromañón a fines de 2004 y donde murieron 194 chicos, la noche en la Ciudad de Buenos Aires ya no fue la misma. Las inspecciones rebotaron las habilitaciones de muchos locales bailables y clausuraron a cantidad de otros que presentaban irregularidades. Lo que produjo que hayan sobrevivido no más de 10 boliches con su habilitación correspondiente.
Pero “la cumbia es cumbia toda la vida”, según “La Tota” Santillán, y por eso siempre tiene su espacio. De esta forma, los puntos clave que sostienen al monstruo tropical se desparramaran por las diferentes zonas cardinales del Conurbano. Un nicho estratégico. Y es en la misma región donde también se multiplican las llamadas bailantas “clandestinas”, donde las drogas y el alcohol son moneda corriente todos los fines de semana (como también sucede en recitales de rock o en boliches de música tecno).
Al igual que en algunas zonas específicas del Interior, en el Gran Buenos Aires se generan los mitos de la movida tropical. Allí es donde la cumbia se convierte en la música casi por excelencia de los barrios más pobres, pese a que en los últimos años, logró emerger de los sectores marginales hasta captar a la prejuiciosa clase media. Porque “la gente puede ir a una disco o a una bailante y es la misma, lo único que cambia es la pilcha”, dice Gozalo.
Comparado con Ciudad, los municipios del GBA triplican en cantidad el número de bailantas. Tal es el caso de La Matanza, donde a principios de 2008 había registrados nada más y nada menos que 32 locales. Para Santillán, la decadencia del fogoneo cumbiero de los ‘90s derivó en que de casi 400 boliches que existían en toda la Provincia, sólo hayan quedado en pie mucho menos de 100. Aunque “la situación es distinta a la década pasada”, afirma que el género cobró fuerza y dejó de ser discriminado para ser aceptado también por parte de la clase media y alta, lo que ventajosamente le permitió ingresar a las discotecas llamadas “chetas”.
De gira por el ConurbanoSegún todas las fuentes consultadas por este medio, los shows son la principal fuente de ingreso de cualquier grupo. Los músicos pueden llegar a hacer una mini gira de hasta 10 recitales por noche, y tocar desde miércoles hasta domingo.
Se transportan en combis con los instrumentos y llevan a cabo un sistema organizado con sus asistentes de sonidos. Los artistas llegan al local, suben al escenario y debe estar todo listo para comenzar el show. Tocan no más de 30 minutos y rápido parten hacia otro boliche, y así nuevamente hasta reventar la madrugada y finalizar cerca de las 7 de la mañana.
La noche es agitada. Un ejemplo perfecto lo pone la agenda del grupo El Original, que según pudo corroborar este medio, para un viernes de abril tiene prevista 5 paradas, de una punta a la otra del Conurbano. El punto de partida es Luján, pasan por José C. Paz y por Moreno, atraviesan La Matanza y concluyen en Berazategui. El total: aproximadamente 100 kilómetros “de boliche en boliche”.
“Los viajes son peligrosos”, sentencia el manager de Ráfaga y confiesa: “En aquel momento (su época de oro) tendríamos que haber pensado con más tranquilidad. Era todo muy nuevo, y obviamente que lo hacíamos por una cuestión económica porque el grupo llenaba en todos lados. A veces tiene que pasar una tragedia para que uno se de cuenta, pero eso no debería que ser así”.