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Sudor. La bailanta está que explota. Más sudor. El cielorraso del lugar transpira como el pibe que toca en el escenario. Se asimilan en eso. En lo demás, no tienen mimésis: el pibe está de paso; el techo, quedará para recibir a otras bandas.
Así funciona la movida de la noche tropical. Con monstruos que hacen carrera, tienen décadas de vigencia, inmensos castillos y buenos autos; y pibes que batallan en el día a día para lograr su sueño: alcanzar el éxito. 'Los quince minutos de fama' sólo los llevan a “meterlos en una realidad inventada y prometida y después sacudirlos con la vuelta a la realidad de la calle”, afirma a 24CON Ricky Maravilla. Según el cantante, existen productores fantasmas que arman toda la parafernalia y “cuando no ven más el negocio, desaparecen”. Precisamente así actúan los “los padrinos” de la movida, como se los denomina en el ambiente.
“Son necesarios para poder meterte, si no no llegás nunca al éxito”, reveló Rubén Allieti, cantante de “Rubén Allieti y su Combo Latino”. El artista sobrevive hace 60 años dentro del mundo tropical y, con autoridad, concluye: “Lo único que les interesa a esos tipos es la guita”. Como en todo negocio con carácter pecuniario, esto no sería un delito penal sino que el problema es peor: el daño psicológico de los que no llegan.
“En el mundo de la cumbia, estás o no estás. No hay término medio. Un día sos alguien y al otro, nadie te reconoce”, sentencia Mauro Piñeiro, tecladista y manager internacional de Ráfaga. “No es como el rock, donde la podés pelear en el under. Acá eso no existe. Si presentás el material y gustás, automáticamente empezás a trabajar, sino, nadie te presta atención”.
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