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El cartel delante de la pantalla lo solicita entre signos de exclamación: “¡Apagá la play después de usarla!”. Ahora está prendida. Los autos vuelan bajito por la autopista, y el juego Burnout cumple su función al máximo: que a nadie se le queme la cabeza. Para varios de sus empleados es el momento de descansar en el “Chill Out” que Globant dispone en sus oficinas en La Plata (además de un golfito, las infaltables mesas de pool y ping pong... la batería está en Capital).
Esta es la compañía argentina que eligió Electronic Arts para desarrollar y testear (y a futuro cranear) los videojuegos más utilizados en todo el mundo. Algunos pisos más arriba, alrededor de 170 personas están apretando botoncitos a lo pavote, aunque en su caso no es como relax sino como trabajo.
“Esperamos llegar a 400 empleados, por lo que vamos a ser el centro de game testing más grande de América latina. La idea es seguir expandiéndonos el año que viene, así nos convertiríamos en el segundo centro mundial de testeo”, asegura sin mosquearse Lisandro Dorfman, Project Manager a cargo de esta operación.
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Electronic Arts (EA) nació en 1982, pero a mediados de los ‘90 se colocó a la cabeza en desarrollo, edición y distribución de juegos para computadoras, consolas, Internet y otros sistemas. Sobre todo desde que “FIFA” dejó de ser el blanco predilecto de la metralleta de frases de Maradona para convertirse en el hobby predilecto de sus dirigidos (entre otros varios miles). Para ayudarla está Globant, una compañía multinacional de raíz argenta (aunque con prosapia de campus) especializada en software, que sigue al pie de la letra estos ensayos laborales en la que el yoga comparte la grilla con horarios flexibles.
Desde hace más de un año trabajan en “partes” de videojuegos muy populares de EA. La informalidad acaba al preguntar sobre los juegos testeados (¿El Padrino, Sims, Rock Band?), los formatos y metodologías. Los contratos de confidencialidad vuelven imposible develar una mínima parte de lo trabajado, como si las puertas y vidrios polarizados separaran más que a los beta testers del afuera.
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FUENTE: Página/12