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Por Diego Rojas
Es conocido que Alfred Hitchcock filmó muchas de sus grandes películas basándose en malas novelas con resultados maravillosos. Y que, muchas veces, las adaptaciones cinematográficas de textos literarios de relevancia sólo logran sufrimiento y dolor en los espectadores que, antes, fueron lectores de aquellos textos. Sin embargo, los cineastas argentinos (y algunos extranjeros) están acostumbrados a ir contra la corriente y a superar desafíos con éxito. Por eso, este año varias novelas de gran calidad –escritas por autores contemporáneos locales– serán llevadas a la pantalla grande y se podrá comprobar en las salas oscuras si el matrimonio entre literatura y cine culmina con los esponsales viviendo felices y comiendo perdices. O, para decirlo fílmicamente, termina con un happy end.
Rabia, la elogiada novela de Sergio Bizzio, acaba de ser rodada en España bajo la dirección del ecuatoriano Sebastián Cordero y la producción del mexicano Guillermo del Toro. A la vez, estos días firmó la cesión de los derechos de su cuento “Un amor para toda la vida” a la argentina Paula Hernández. El año pasado Lucía Puenzo filmó XXY, basada en otro de sus cuentos. Bizzio mismo es, además de escritor, realizador cinematográfico y, por eso, conoce los pasadizos que unen ambas esferas del arte. “La literatura y el cine son lenguajes diferentes, pero también vecinos. Los hermanos Coen dijeron alguna vez que, para escribir el guión de Sin lugar para los débiles tan sólo les hubiera bastado intercalar entre los párrafos de la novela de Cormack McCarthy las indicaciones de ‘Interior / Día’ o ‘Exterior / Noche’ ya que era un texto elevadamente cinematográfico –cuenta el escritor–. Yo no escribo nada pensando en la pantalla grande. Pero a veces mi literatura es muy visual y, por eso, la traslación al cine resulta más fácil.”
–¿Cómo percibe el uso que puede hacer otra persona de sus textos literarios?
–El director hace su propia versión, que puede ser un acierto o un desacierto. A veces, la visión personal de un director implica la transformación del texto que eligieron para filmar en otra cosa, a veces para bien, a veces para mal. El director tendría que encontrar una forma personal de contarlo, pero no retocar y reconvertir y rearmar ese texto hasta el infinito. XXY me resultó muy bien realizada respecto del cuento. Y me enviaron el guión de Rabia, para que diera mi opinión. Hice tres observaciones y el director decidió filmar esos pasajes dos veces: una vez como lo planteaba su guión y otra según yo lo sugería. Me enteraré qué quedó cuando se estrene.
Para Fabián Casas la filmación de Ocio, dirigida por Alejandro Lingenti y Juan Villegas, es la primera experiencia que su obra tiene con el séptimo arte. “Hace tres años Lingenti, que es amigo mío, me pasó un guión basado en la novela –cuenta Casas–. Yo quería que hicieran lo que quisieran con ese material, yo también afano cosas y me parece que está bien. Lo que me maravilla del proyecto es el espíritu ultraindependiente de la producción. Lo hacen por amor al arte y me parece increíble. Y es gracioso ya que la casa de mi viejo, que era manager de Alberto Olmedo, en Boedo se convirtió en la locación principal de la película. Él se va a Mar del Plata durante el verano, le pagaron y aceptó contento. Hubo más problemas a la hora de su papel, porque él quería hacer del padre del protagonista y costó un poco convencerlo de que ya daba para abuelo. Y el barrio está conmocionado. Todos quieren participar del rodaje. Un vecino que era enemigo de papá está colaborando con el cableado.”
Villegas no sólo codirige Ocio, sino que está elaborando el guión de Selección natural, la novela de Cecilia Szperling que dirigirá su esposo Andrés Di Tella. “Soy un lector habitual de literatura argentina –confiesa Villegas–. La deformación profesional de ir pensando la película a medida que voy leyendo me pasa con frecuencia. Sábado, mi primera película, tuvo un guión creado por mí. Una película no es mejor o peor por ser una adaptación. En el momento que empiezo a escribir un guión llega un momento en que olvido que antes era una novela. No pienso en la fidelidad al libro. Los problemas que surgen en la escritura del guión son problemas del cine, no de la literatura. Sin embargo, me gusta marcar de alguna manera el origen literario de la película.”
“De entrada Cecilia, que además es mi esposa, me pidió que hiciera un cover de su novela –cuenta Andrés Di Tella–. El texto es un mundo vasto de materiales de los que hacemos una edición.”
–¿Qué seduce a un director para que decida filmar literatura argentina actual?
–Hay ciertas imágenes en estas novelas que no pertenecen al manual de guión de los gurús de Hollywood. Son imágenes un poco más irracionales, más caprichosas. Por ejemplo, Ocio es una novela de climas, pero hay algo de autenticidad de ese mundo que es muy atractivo. Yo tengo grabado el patio de Ocio en la memoria. Cuando Lerman decide filmar a Kohan, está buscando buena literatura. Ese cruce nos interesa.
Para Szperling, ambas formas convergen: “Soy una deudora del cine. Tengo más películas que me influenciaron que novelas. Creo que el Nuevo Cine Argentino hermanó a escritores y realizadores. Somos de una generación posrocanrol cuyos lugares de encuentro se amalgaman. Las novelas actuales tienen una relación intensa con el cine. Y cuando escribo no pienso en hacer ‘la gran novela’, sino que hago una novela chiquita con potencia. Creo que ese es también el proyecto fílmico”.
Pero no sólo se filman películas pequeñas, sino que también hay superproducciones. Tal es el caso de Los crímenes de Oxford, que el año pasado dirigió el español Alex de la Iglesia basándose en la novela de Guillermo Martínez Crímenes imperceptibles. El film contó con el rol protagónico de Elijah Wood y John Hurt. Algo parecido sucede con Las viudas de los jueves, escrita por Claudia Piñeiro, cuyo rodaje comenzó la semana pasada. El director de la versión es Marcelo Pineyro y el elenco cuenta con nombres como los de Pablo Echarri, Leonardo Sbaraglia y Juanita Viale, entre otros. “Hay escritores que son demasiado recelosos de sus obras. A mí no me pasa porque sé que el guión no tiene que ser igual a la novela. En este caso, es un muy buen guión. La novela tiene un exceso de personajes y transcurre durante un período muy largo. Esas pautas se modificaron para traducirla a un lenguaje fílmico. También vendí los derechos de Tuya a Alejandro Doria. El problema con esa novela es que la protagonista desarrolla mucho un monólogo interior. Para el guión, recuperamos un personaje que estaba en la primera versión de la novela, la abuela de la protagonista. Estas transformaciones me interesan mucho. Como todo el proceso de conversión de un texto en una película. Me impacta que una novela nazca mediante la soledad creativa y que, luego, haya ochenta personas trabajando en su versión fílmica”.
Lo mismo le sucede a Martín Kohan, cuya novela Ciencias morales será llevada al cine de la mano de Diego Lerman. “Cuando me pasó el guión, me pareció que estaba muy bien. Y el cambio del laconismo de la protagonista por una elocuencia mayor era necesario para su plasmación en un lenguaje del cine.”
Lucía Puenzo es un caso único: ella adaptó su novela El niño pez y la filmó. “Cuando la escribí no pensé que se transformaría en una película. Luego me dijeron que tenía potencia de film y decidí escribir un guión basado en la novela. Tuve que cambiar mucho: en el original, el narrador es el perro. Cambiar ese punto de vista transforma la historia. Al principio me peleé con la idea de abandonar al perro, hasta que me di cuenta de que era algo imposible. Esa ruptura era necesaria”.
–¿La Puenzo escritora está conforme con la Puenzo cineasta?
–Cada obra tiene una identidad propia. Y las dos Puenzo están muy conformes.
Uno de los proyectos más ambiciosos –y qué más misterio produce– es la plasmación cinematográfica de El Eternauta, la historieta H.G. Oesterheld, que llevará a cabo Lucrecia Martel, cuyo cine (por ahora, al menos) se encuentra alejado del registro de acción que bien podría definir a ese clásico argentino. Todo el mundo aguarda ansioso. El 2009 será el año de la unión entre la literatura argentina y el séptimo arte. Una alianza que estaba escrita desde sus orígenes. No se debería olvidar que el mismo Borges fue, también, un original crítico cinematográfico.