El comunismo de los cuerpos

“Cómo puedo imponerme a otra persona si estoy así” sentenció el desnudo anfitrión ante este periodista. “Cómo puedo saber el cargo de cada uno si no traen la ropa que lo demuestre, como sé si él es mecánico si acá no tiene el overall” afirmó al prejuicioso periodista que a diferencia de ellos mantenía todas su ropas en su lugar, escuchando el eco en su cabeza de todos los chistes y bromas que hicieron sus compañeros de redacción al saber de qué se trataría la investigación.  
 
Según explicaron los miembros de Edén, desnudarse es una forma de dejar la sociedad afuera, de alejarse de aquello impuesto por el hombre, más allá de las necesidades de abrigo, y ser lo que uno realmente es. De esta manera dentro del naturismo no existen las diferencias, “somos todos iguales” afirmó Julio con su reglamentaria toalla al hombro mientras acomodaba el celular que descansaba enganchado en su gorro, única prenda.


Más allá de los ideales de igualdad de estos nudistas la mayoría de los miembros del grupo Edén son profesionales de clase media con un importante nivel de educación, aunque como ellos mismos explicaron esto se dio azarosamente, no es requisito del nudismo un determinado nivel cultural ni económico. La mayoría de los que esa tarde de sábado paseaban desnudos al sol, durante la semana transitan sus días de traje, y muchos con corbata, prenda de vestir sin sentido ni utilidad más que simbolizar la masculinidad del portante, utensilio no necesario en los campos nudistas.
 
El día no terminaba en la quinta “El Bosque”, a pocos kilómetros de allí, en “Palos Verdes” nos recibía una especie de Tótem o Monumento al Pene de unos casi 3 desproporcionados metros de altura, que en un tono rosa fuerte señalaba al cielo y daba la bienvenida a quienes se animaban a entrar.  
 
“Pero tenés que estar desnudo, los demás te van a mirar mal, enseguida te van a tildar de voyeur, de mirón, de onanista” me advirtió Ricardo, dueño del predio, sin lograr persuadirme del todo. Una bermuda me acompaño a lo largo de la visita a la quinta “swinger” tal como la denotó la esposa del dueño.  
 
La sociedad, o los preceptos inculcados desde la más pronta infancia, no me permitían una situación tan íntima como estar desnudo al aire libre y rodeado de desconocidos, pero pasado un tiempo recorriendo el lugar, las cualidades sociales del humano se impusieron sobre mi y de a poco empecé a sentirme incomodo por estar vestido. En esta comunidad de gente sin ropa, el vestido es el distinto, es el raro. Nadie me hizo sentir eso, no fui discriminado, sólo que realmente era el único vestido.
 
La tentación de vivir la experiencia del nudismo, de estar en contacto con la naturaleza como estipulan los preceptos naturistas. La curiosidad de saber que se sentiría estar completamente desnudo ante extraños caminando sobre el pasto. Sentir el sol, el viento… todo esto no fue suficiente, la sociedad “externa” fue más fuerte y me retiré como vine, con todas mis ropas en su lugar.
3Comentarios
Camila
(7 de Enero de 2009 13:59)
ESTO NO ES MUY NORMAL ,PERO BUENO RESPETO LA VIDA QUE LLEVAN NO LOS JUZGOS PARA NADA ELLOS SABEN LO QUE HACEN. FELICITACIONES POR LA NOTA
Gaby
(14 de Enero de 2009 13:30)
Creo que para tener una investigación mucho más etnográfica el periodista debería haber adquirido sus hábitos en vez de detenerse en el papel de "miron". Pero es interesante que busquen la oportunidad de desdeñar algunos prejuicios de nuestra sociedad.
adriana maria
(21 de Febrero de 2009 03:16)
Me parece fantàstica la nota y apoyo el nudismo Muy bien
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